Un estudio global advierte que el 32,8% de los adultos duerme menos de lo recomendado. Especialistas alertan que la falta de descanso puede afectar la concentración, el estado de ánimo y aumentar el riesgo de enfermedades.

Dormir bien es uno de los pilares fundamentales para mantener una buena salud física y mental. Sin embargo, estudios recientes indican que cada vez más personas tienen dificultades para descansar correctamente. De acuerdo con datos relevados a nivel mundial, el 32,8% de los adultos no duerme lo suficiente y alrededor del 10% padece insomnio crónico.
Los especialistas advierten que el ritmo de vida actual, el estrés cotidiano y el uso excesivo de dispositivos electrónicos son algunos de los factores que más influyen en la calidad del sueño. Estos hábitos pueden alterar los ciclos naturales de descanso y provocar dificultades para conciliar o mantener el sueño durante la noche.
En el marco del Día Mundial del Sueño, médicos y expertos remarcan la importancia de adoptar rutinas saludables para mejorar el descanso. En ese sentido, la División de Neumología del Hospital de Clínicas “José de San Martín” organizará una jornada de detección de apnea del sueño abierta a toda la comunidad.
La actividad se realizará en el hall central del hospital, ubicado sobre la avenida Córdoba 2351, donde profesionales evaluarán síntomas y factores de riesgo vinculados a este trastorno.

Cuántas horas se recomienda dormir
Los especialistas señalan que los adultos deberían dormir entre siete y nueve horas por noche para lograr un descanso reparador. Cuando esa cantidad no se alcanza, pueden aparecer distintos síntomas como cansancio durante el día, irritabilidad, dificultades para concentrarse, somnolencia y menor rendimiento intelectual.
“La calidad del sueño es tan importante como la alimentación o la actividad física. Dormir bien permite que el cuerpo recupere energía, regula múltiples funciones del organismo y mantiene un adecuado equilibrio físico y mental”, explicó la doctora Roxana Berenguer, jefa de Neumonología del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires.
Además, la especialista advirtió que dormir mal de manera sostenida puede generar consecuencias más serias para la salud. “Dormir mal o de manera insuficiente se relaciona con un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, obesidad y diabetes”, señaló.
Los trastornos del sueño más frecuentes
Entre los problemas más habituales vinculados al descanso nocturno se encuentra el insomnio. Este trastorno suele manifestarse con dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o la sensación de que el descanso no fue reparador.
Cuando estos síntomas se mantienen durante varias semanas pueden afectar significativamente la calidad de vida, provocando fatiga, irritabilidad y problemas de concentración durante el día.
Otro trastorno frecuente es la apnea del sueño, que se caracteriza por pausas en la respiración mientras la persona duerme. Generalmente se acompaña de ronquidos intensos y somnolencia diurna.
“Muchas veces las personas no lo perciben y es quien duerme con ellas quien advierte los episodios de interrupción de la respiración”, explicó Berenguer.
Hábitos que influyen en la calidad del descanso
Existen diversos factores cotidianos que pueden alterar el descanso nocturno. Entre los más comunes se encuentran el uso de pantallas antes de dormir, el estrés acumulado durante el día, las comidas abundantes por la noche y el consumo excesivo de bebidas estimulantes como el café.
La exposición a celulares, computadoras o tablets en las horas previas al descanso es especialmente problemática, ya que la luz artificial de las pantallas estimula el cerebro e interfiere con el ritmo biológico que regula el sueño.

“Es fundamental que el organismo pueda reconocer cuándo llega el momento de descansar. Reducir los estímulos y generar un ambiente adecuado facilita la conciliación del sueño”, destacó la especialista.
Para mejorar la calidad del descanso, los expertos recomiendan mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, evitar el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir, procurar que la habitación sea tranquila y oscura, reducir el consumo de cafeína por la tarde y realizar actividad física de manera regular.





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