Crujen las expectativas, se recalientan las listas de precios y el revoleo oficial de datos muestra los hilos

Mientras buena parte de la industria y la construcción trazan un panorama sombrío, el Gobierno se pelea con las propias cifras oficiales. El salto en los combustibles ya impacta en los comercios.

Mientras buena parte de la industria y la construcción trazan un panorama sombrío, el Gobierno se pelea con las propias cifras oficiales. El salto en los combustibles ya impacta en los comercios.

Mientras tanto, marzo suma complejidades. El salto del precio de los combustibles derivado de la guerra en Medio Oriente ya comenzó a recalentar las listas de precios que reciben los comercios de todo el país. Los incrementos de “segunda ronda” le ponen aún más presión al IPC mensual, que ya arrastraba el impulso de la inercia y de la típica estacionalidad del regreso a clases.

La narrativa y los hilos a la vista

La comunicación de los indicadores económicos fue desde un principio antojadiza. Si bien no es patrimonio exclusivo de esta gestión, el mileísmo decidió llevarla a un extremo. El puntapié inicial fue anualizar el 54% que alcanzó el índice de precios mayoristas en diciembre de 2023, por la combinación de la fuerte inercia que dejó el gobierno anterior con el impacto de la devaluación aplicada por el propio Javier Milei a pocos días de su asunción: con esa operación, lanzó la rimbombante idea de que había heredado una inflación que viajaba al 17.000% que no tuvo acogida por parte de ningún economista de la city. Pero el deterioro de los indicadores de ingresos, empleo y actividad industrial parece haber empujado a los funcionarios a un nivel superior en el comienzo de 2026.

Solo en las últimas semanas hubo al menos cuatro episodios. En la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el propio Presidente, mientras les gritaba a los legisladores de la oposición, aseguró: “La tasa de desempleo cayó”. Ya en ese momento, la afirmación era falsa. El último dato oficial disponible ese día, el 1° de marzo, era el del tercer trimestre de 2025, es decir, 6,6%. Y se ubicaba casi un punto por encima del 5,7% vigente al momento del cambio de gobierno. Pero solo 18 días después el INDEC publicó el número del cuarto trimestre del año pasado: la desocupación había saltado al 7,5%, otro cachetazo de la realidad.

En la misma línea, el 13 de marzo, Sturzenegger publicó un extenso tuit sobre la evolución del mercado laboral en el que llegó a poner en duda si era algo negativo que creciera la proporción del empleo informal y cuentapropista por sobre el trabajo asalariado formal. Además, afirmó: “Las bajas en el empleo registrado del SIPA se explican prácticamente en un 100% por la baja del monotributo social”. Le bastaba ir a esa misma base de datos oficiales para detectar que, en realidad, entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se destruyeron 288.815 puestos asalariados formales, de los cuales 200.941 correspondieron al sector privado.

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Los otros dos casos ni siquiera ameritaron desmentidas. El tuit que posteó el ministro de Desregulación este miércoles discutía las críticas recibidas por el Gobierno sobre el cierre neto de empresas a causa de las penurias de vastos sectores de la industria y el comercio. “En los últimos dos años el número de empresas pequeñas, medias y grandes es estable o crece”, sentenció. Pero los hilos estaban a la vista. El propio gráfico con el que acompañó la publicación mostraba que la información oficial de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo marcaba sendas caídas del 1,9%, 1,1% y 1,4% para cada uno de esos segmentos. Además, deliberadamente había excluido de la muestra las firmas con hasta cinco trabajadores, en el que el número de empresas activas cae 5,5%. En total, cerraron 22.608 empresas en términos netos durante los primeros 25 meses de mandato.

Al día siguiente, también a través de X, Milei se sumó a la batalla narrativa, esta vez para intentar instalar su mirada sobre el índice de salarios de enero publicado por el INDEC, que reflejó la quinta baja mensual consecutiva para el poder adquisitivo de los trabajadores registrados. “La casta tiene miedo”, escribió y celebró que la mayor caída la sufrieran los empleados del sector público (17,9% de pérdida a lo largo de su gestión), dentro del cual se incluye a médicos, docentes, enfermeros y personal de seguridad, a quienes englobó como parte de la casta. Obvió en el mensaje que el gráfico tuiteado por él mismo también evidenciaba un retroceso del 2,3% en el salario real del sector privado formal desde noviembre de 2023. Y sí celebró “la mejora relativa de los informales”, aunque no aclaró que la suba del 28,7% acumulada en ese segmento está teñida por una modificación en la modalidad de extracción de datos de la Encuesta Permanente de Hogares aplicada por el INDEC, como plantea el grueso de los economistas.

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Deterioro de expectativas

Mientras el Gobierno disfruta de la calma cambiaria (a costa de una mayor apreciación) y sostiene el frente fiscal con ingresos extraordinarios surgidos de las privatizaciones, el reciente revoleo de datos sintoniza con la profundización de las malas noticias en materia de aceleración de la inflación, deterioro de los ingresos, actividad industrial, cierre de empresas e incremento de los despidos masivos. Aunque también refleja las dificultades crecientes del equipo económico para anclar las expectativas. No solo las de la población en general, como reflejan los últimos sondeos de opinión pública, donde crece la preocupación por el empleo y los salarios; también las de los empresarios de algunos sectores productivos claves que se quedan afuera de un modelo de crecimiento impulsado casi en solitario por el agro, la energía, la minería y el sector financiero, las actividades que sí muestran una performance vigorosa.

“La actividad viene muy mal. Los datos de febrero fueron tremendos y no hay señales de mejora. Ya no se vende ni lo importado”, sintetizó uno de los principales referentes de la industria metalúrgica en diálogo con Ámbito. La cámara sectorial, ADIMRA, midió para el mes pasado un desplome del 10,3% interanual y una merma del 1,9% respecto de enero. Pero la combinación entre la fría demanda interna y el avance de las importaciones, sobre todo desde China, enciende luces de alarma para los próximos meses. “Hay muchas empresas que están al borde, aguantando, y que se pueden caer o pueden achicarse más”, advirtió el industrial y planteó que, incluso en un escenario optimista, hay dos problemas adicionales: “Cualquier rebotecito de la demanda lo va a capturar la importación y, además, hay mucha gente sobrestockeada que trajo de afuera todo lo que pudo y hoy no lo puede vender”.

No es un caso aislado. En la rama textil, que trabaja con apenas el 23,7% de su capacidad instalada, la lectura es coincidente. Por fuera del sector manufacturero, las expectativas tampoco mejoran en la construcción, una de las actividades más castigadas. En CAMARCO describen el proceso de esta manera: entre mitad de 2023 y mediados de 2024, hubo una caída de alrededor del 25%; desde entonces, un virtual estancamiento. “Se llegaron a perder 120.000 puestos de trabajo en un primer momento y apenas se pudo recuperar una porción menor después”, explicó una fuente del sector.

Consultado por este medio, el empresario señaló que las perspectivas para este año no indican un repunte significativo. Es que la obra pública nacional sigue reducida a la mínima expresión y las provincias, que sí sostuvieron la inversión en infraestructura, empiezan a encontrar límites ante el deterioro de los ingresos propios y de las transferencias desde Nación. Además, la construcción privada no levanta cabeza porque la apreciación cambiaria eleva los costos en dólares. “La construcción de viviendas anda bien cuando el dólar está alto y viceversa. En 2023, el dólar blue llegó a superar los $1.000 y construir un metro cuadrado rondaba u$s600; hoy el tipo de cambio está en torno a $1.400 y construir el mismo metro cuadrado cuesta u$s1.400. El problema es que el mercado no convalida esos precios. Todo esto no pareciera que vaya a cambiar en el corto plazo”, sostuvo un referente del sector.

Listas de precios recalentadas

En el tercero de los sectores más perjudicados por el modelo económico, el comercio, las expectativas tampoco remontan. Los últimos datos de consumo masivo de la consultora Scentia reflejaron una caída del 3,4% interanual y 6,3% mensual en febrero. Y en los últimos días la principal novedad fue el recalentamiento en las listas de precios, impulsadas por el incremento en los costos que generó el salto del 20,4% que acumulan los combustibles en Argentina desde que comenzó la guerra en Medio Oriente.

Fuente: Scentia
Fuente: Scentia

Tres fuentes de distintas entidades que nuclean a representantes de los comercios de proximidad le confiaron a Ámbito que recibieron listas con incrementos del 3% en lácteos; de entre 5% y 7% en productos de almacén, limpieza y perfumería; de alrededor del 6% en azúcar y harinas; y de hasta 4% en cervezas, entre otros bienes de consumo masivo. Además, un proveedor de insumos plásticos para envases remarcó con un 25% sus listas.

Si bien las ventas permanecen deprimidas, los comerciantes (sobre todo los más pequeños) aseguran que el margen para evitar trasladar a las góndolas esos aumentos es mínimo. Así, el IPC de marzo suma una nueva vía de presión: a la estacionalidad propia del mes y la inercia inflacionaria, se agregan el impacto directo de la disparada de las naftas y el gasoil, que algunos analistas estiman en torno a medio punto porcentual, y los incrementos de segunda ronda en las listas de precios.

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