El oficialismo se quedó con casi la mitad de las presidencias y, junto a sus aliados, supera el 57% del control. La oposición denuncia un bloqueo legislativo.

El oficialismo avanzó con fuerza en la Cámara de Diputados y logró consolidar una posición clave para manejar la agenda legislativa. El bloque de La Libertad Avanza se quedó con 17 de las 35 presidencias de comisiones ya conformadas y sumó otras 13 vicepresidencias, lo que le permite tener una influencia decisiva en el funcionamiento del Congreso.
El dato cobra aún más relevancia si se suman los espacios aliados, como el Propuesta Republicana y sectores de la Unión Cívica Radical. En conjunto, el oficialismo alcanza el control de más del 57% de los cargos clave dentro de las comisiones, es decir, aquellos que definen cuándo se reúnen y qué temas se discuten.
Este esquema le otorga al Gobierno una herramienta central: la capacidad de ordenar el debate parlamentario y priorizar su propia agenda, en un año donde ya anticipó el envío de proyectos clave como la denominada “Ley Hojarasca” y otras iniciativas vinculadas a la propiedad privada.
Además, el oficialismo busca ampliar su influencia en las comisiones que aún deben conformarse. Entre ellas se destaca la de Juicio Político, donde impulsa a la diputada Lilia Lemoine como presidenta, un movimiento que podría tener alto impacto político.
Pero el avance no se limita a las comisiones más técnicas. La estrategia también incluye espacios sensibles como Educación o Discapacidad, donde suelen emerger conflictos y reclamos sociales. El objetivo, según interpretan distintos sectores, es evitar que prosperen iniciativas impulsadas por la oposición.
Desde los bloques opositores advierten que este esquema complica seriamente cualquier intento de instalar temas por fuera de los que impulsa el Poder Ejecutivo.
“Nunca nos pasó algo así, ni siquiera con el kirchnerismo teníamos un oficialismo que avanzara de esta manera”, señaló un legislador con años de experiencia en la Cámara en diálogo con Infobae.
El problema, explican, no es solo político sino también procedimental. Para avanzar con un proyecto sin aval oficialista, la oposición necesita reunir quórum, forzar el tratamiento en comisión, conseguir dictamen y luego volver al recinto, un proceso complejo que requiere mayorías difíciles de alcanzar.
En ese contexto, distintos bloques comenzaron a coordinar estrategias para intentar romper el control del oficialismo, con más convocatorias a sesión y acuerdos transversales. Sin embargo, reconocen que será un año legislativo “largo y difícil”.
Mientras tanto, el Gobierno avanza con una hoja de ruta clara: controlar las comisiones, ordenar los tiempos parlamentarios y garantizar que su agenda tenga prioridad en el Congreso.





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