¿El dólar barato llegó para quedarse?: la inflación no cede y el mercado palpita otra inédita lluvia de divisas

El tipo de cambio actual se encuentra muy cerca del valor que mostraba el «dólar Massa», justo antes de la devaluación de diciembre de 2023

El ministro Luis Caputo descartó un atraso cambiario, a pesar de que el tipo de cambio mayorista continúa por debajo de los $1.400 y la inflación se mantiene en torno al 3% mensual.

El propio titular de Hacienda admitió que el IPC de marzo finalizó más arriba que los meses anteriores, producto de la suba de los combustibles por culpa de la guerra en Medio Oriente.

El dato central es que el tipo de cambio se ubica en torno a los $1.400 y, en términos reales, ya se encuentra en niveles bajos dentro de la era Milei.

Dólar: el escenario a corto plazo

Si el tipo de cambio se mantiene en esa zona -con una inflación del orden del 2,5% mensual-, hacia mitad de año podría regresar a valores similares a los de noviembre de 2023, previos a la devaluación inicial de la actual administración.

«El dólar ajustado a precios de hoy cotiza cercano a mínimos registrados durante la gestión de Macri», sostuvo el economista Salvador Vitelli.

El propio Vitelli calculó algunos valores de referencia, para tener en cuenta y comparar el actual escenario con el pasado:

  • El «sudden-stop» de 2018 llegó a un máximo que hoy equivale a $2.400
  • Post-PASO19 equivale hoy $2.568
  • La corrida de octubre del 2020 es hoy $4.555
  • La crisis de deuda de 2022 es hoy $3.900
  • La corrida preelectoral 2023 es hoy $4.646
  • Los $800 de la devaluación de diciembre de 2023 hoy equivalen a $ 2.676
  • Los $350 predevaluación son hoy $1.236.

Es decir: el tipo de cambio actual se encuentra tan solo 13,2% sobre el valor que mostraba el «dólar Massa», justo antes de la devaluación de diciembre de 2023.

Superávit comercial: ¿se viene la lluvia de dólares?

Para este año, el Gobierno espera una oferta de divisas elevada. El superávit comercial de 2026 podría superar los u$s20.000 millones, con exportaciones en torno a u$s95.000 millones e importaciones que difícilmente superen los u$s70.000 millones, de acuerdo a una estimación de la consultora MacroView.

A esa oferta se suma el ingreso de dólares financieros por endeudamiento de empresas, vía emisiones de obligaciones negociables y préstamos externos. Este flujo, aunque más volátil, también contribuye a reforzar la disponibilidad de divisas.

Con este nivel de oferta, el mercado logra abastecer simultáneamente dos demandas muy exigentes: la del sector público —que necesita dólares para pagar los vencimientos de la deuda— y la de las personas, que compran divisas para ahorro y turismo.

Este último punto es clave para entender la dinámica actual. La demanda privada sigue siendo muy alta. Entre diciembre y marzo, las personas compraron cerca de u$s2.500 millones mensuales. Extrapolado, equivale a unos u$s30.000 millones anuales, un número que en otro contexto sería claramente desestabilizante.

Sin embargo, el tipo de cambio no sube. Por el contrario, se mantiene estable o incluso con tendencia a la baja nominal. Esto no responde a una intervención directa del Banco Central para «pisarlo», sino a que la oferta alcanza —por ahora— para cubrir toda la demanda.

¿Por qué se mantiene la estabilidad cambiaria?

A diferencia de otros tiempos, cuando un atraso del tipo de cambio era visto como un riesgo de corto plazo, el escenario actual luce estable. Al menos para los próximos meses, con la expectativa de la liquidación de una cosecha récord, que podría superar los u$s40.000 millones.

Por otra parte, el Banco Central viene comprando dólares de manera sostenida. En el primer trimestre acumuló más de u$s4.400 millones, que fueron destinados en su totalidad al pago de deuda externa. Esto convierte a las compras de reservas en una pieza central del esquema financiero del año.

El problema es que, aun con estas compras, la acumulación neta de reservas sería limitada. El superávit cambiario se utiliza en buena medida para financiar al Tesoro, lo que reduce el margen de acumulación genuina.

Importaciones, entre las claves

Una parte importante de la tranquilidad cambiaria descansa en un nivel de importaciones extremadamente bajo.

En febrero, por ejemplo, los pagos por importaciones fueron de apenas u$s4.048 millones, un piso muy reducido que refleja más una economía con rasgos recesivos y sobre estoqueo previo que una situación saludable.

Este punto es clave: importar poco ayuda a sostener el superávit y, por lo tanto, a mantener calmado al dólar.

Pero al mismo tiempo es una señal de debilidad en el nivel de actividad. En otras palabras, parte del equilibrio cambiario se explica por una economía que todavía no termina de arrancar.

Hacia adelante, el escenario base sugiere que no deberían faltar dólares en 2026. La fortaleza exportadora actúa como ancla y la demanda de importaciones, mientras siga contenida, no presionará sobre el tipo de cambio.

La lupa, en todo caso, estará puesta hacia el segundo semestre. Todavía falta.

F:IProfesional

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