La muerte del enfermero Eduardo Betancourt, de 44 años, volvió a poner el foco sobre el manejo de medicamentos altamente sensibles dentro del sistema de salud. El hombre fue hallado sin vida el pasado Viernes Santo en su vivienda del barrio porteño de Palermo, rodeado de fármacos como fentanilo y propofol, además de jeringas y guantes de látex.
Estos medicamentos, que no se comercializan en farmacias y son de uso exclusivo hospitalario, encendieron las alarmas sobre su circulación y control. En ese marco, el doctor Bernardo Biella explicó la peligrosidad de estas sustancias.
“Hoy en día es un medicamento de receta archivada, que necesita trazabilidad y un control estricto. Lo manejan en un 90% los anestesiólogos y en un 10% los emergentólogos”, señaló sobre el uso del fentanilo.
Además, detalló el delicado margen entre su uso médico y el riesgo letal: “Si le pongo unas gotitas más produce anestesia, es decir, un sueño profundo sin dolor. Pero si agrego apenas más, puede provocar la muerte”.
Biella también remarcó la responsabilidad que implica el manejo de estos fármacos: “Estos profesionales trabajan con productos que, con mínimas diferencias en la dosis, pueden causar la muerte. Por eso el objetivo es administrar la cantidad justa para que la cirugía sea segura”.
Por último, el especialista hizo referencia al contexto laboral del sector salud: “En muchos casos realizan guardias de 24 horas, lo que puede influir en decisiones personales, incluso vinculadas al consumo”.
La investigación continúa y busca esclarecer cómo el enfermero accedió a estas sustancias y en qué circunstancias ocurrió su muerte.





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