El Papa: Renovar a la humanidad a una comunión de vida desde la fe

León XIV en Annaba, Argelia, reflexiona sobre el llamado a la conversión, y el testimonio de San Agustín: “nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV celebra la misa en la Basílica de San Agustín en Annaba, Argelia, invitando a los cristianos de Argelia a permanecer “en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo”.

“Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona”, dijo el Papa en la homilía reiterando el llamado de Jesús: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (Jn 3, 7).   

“¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”

La conversión “un don de libertad”

El Santo Padre afirma que es “un don de libertad” que otorga el Señor, “pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe”. Quien a su vez da fuerza para hacerlo, y retoma palabras de San Agustín, “que le dice al Señor: Dame lo que mandas y manda lo que quieras (Confesiones, X, 29, 40)”.

Y presenta la experiencia del mismo San Agustín de este ‘nacer de nuevo’: “antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión”, dijo el Papa.

“En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2)”.

La celebración de la Misa en la Basílica de San Agustín en Annaba

La celebración de la Misa en la Basílica de San Agustín en Annaba   (@Vatican Media)

Una humanidad renovada

Y destaca de igual modo el testimonio de las comunidades cristianas de los Hechos de los Apóstoles, como una “humanidad renovada por el Espíritu Santo (cf. Hch 4,32-37)”.

“También hoy es necesario -dice el Pontífice- acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz”.

Y detalla algunas características de esa comunidad: “la Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe”. En segundo lugar, “transformando la posesión en don, esta entrega fraterna no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas”. Y, por último, “los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos”.

Testimonio en la caridad

Finalmente, el Papa exhorta a los cristianos de Argelia, a dar testimonio “del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven”.

“Aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo”, concluyó asi su homilia.  

El Papa León XIV en la Basílica de San Agustín en Annaba

El Papa León XIV en la Basílica de San Agustín en Annaba   (@Vatican Media)

Le agradecimiento del Papa

Al final de la misa el Papa también agradeció “a las autoridades civiles, por la cordial hospitalidad que he recibido y por la atención con la que han contribuido al buen resultado de mi visita a Argelia. Considero este viaje como un regalo especial de la Providencia de Dios, un regalo que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido hacer a toda la Iglesia”.

E invitó a dirigirse a Dios con humildad, reconociendo “que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo”.

“Necesitamos de Él, de su misericordia. Solo en Él encuentra paz el corazón humano y solo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, caminar por los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión. Muchas gracias a todos”, dijo.

El Papa: Renovar a la humanidad a una comunión de vida desde la fe

León XIV en Annaba, Argelia, reflexiona sobre el llamado a la conversión, y el testimonio de San Agustín: “nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”

Johan Pacheco – Ciudad del Vaticano

El Papa León XIV celebra la misa en la Basílica de San Agustín en Annaba, Argelia, invitando a los cristianos de Argelia a permanecer “en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo”.

“Hoy escuchamos el Evangelio, buena noticia para todos los tiempos, en esta basílica de Annaba dedicada a san Agustín, obispo de la antigua Hipona”, dijo el Papa en la homilía reiterando el llamado de Jesús: «ustedes tienen que renacer de lo alto» (Jn 3, 7).   

“¡He aquí la invitación para todo hombre y toda mujer que busca la salvación! Del llamado de Jesús brota la misión para toda la Iglesia y, por tanto, para la comunidad cristiana de Argelia: nacer nuevamente de lo alto, es decir, de Dios”

La conversión “un don de libertad”

El Santo Padre afirma que es “un don de libertad” que otorga el Señor, “pero debemos hacerlo según su voluntad de amor, que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe”. Quien a su vez da fuerza para hacerlo, y retoma palabras de San Agustín, “que le dice al Señor: Dame lo que mandas y manda lo que quieras (Confesiones, X, 29, 40)”.

Y presenta la experiencia del mismo San Agustín de este ‘nacer de nuevo’: “antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión”, dijo el Papa.

“En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2)”.

La celebración de la Misa en la Basílica de San Agustín en Annaba

La celebración de la Misa en la Basílica de San Agustín en Annaba   (@Vatican Media)

Una humanidad renovada

Y destaca de igual modo el testimonio de las comunidades cristianas de los Hechos de los Apóstoles, como una “humanidad renovada por el Espíritu Santo (cf. Hch 4,32-37)”.

“También hoy es necesario -dice el Pontífice- acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz”.

Y detalla algunas características de esa comunidad: “la Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe”. En segundo lugar, “transformando la posesión en don, esta entrega fraterna no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas”. Y, por último, “los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos”.

Testimonio en la caridad

Finalmente, el Papa exhorta a los cristianos de Argelia, a dar testimonio “del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven”.

“Aquí san Agustín amó a su grey buscando la verdad con pasión y sirviendo a Cristo con fe ardiente. Sean herederos de esta tradición, dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo”, concluyó asi su homilia.  

El Papa León XIV en la Basílica de San Agustín en Annaba

El Papa León XIV en la Basílica de San Agustín en Annaba   (@Vatican Media)

Le agradecimiento del Papa

Al final de la misa el Papa también agradeció “a las autoridades civiles, por la cordial hospitalidad que he recibido y por la atención con la que han contribuido al buen resultado de mi visita a Argelia. Considero este viaje como un regalo especial de la Providencia de Dios, un regalo que, a través de un Papa agustino, el Señor ha querido hacer a toda la Iglesia”.

E invitó a dirigirse a Dios con humildad, reconociendo “que la situación actual del mundo, como una espiral negativa, depende en el fondo de nuestro orgullo”.

“Necesitamos de Él, de su misericordia. Solo en Él encuentra paz el corazón humano y solo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, caminar por los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión. Muchas gracias a todos”, dijo.

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