
El dólar oficial en la Argentina cumplió seis meses inamovible en la barrera de los $1400, una estrategia cambiaria que logró anclar las expectativas del mercado pero que abre nuevos interrogantes a mediano plazo. La medida, sostenida por el equipo económico del Gobierno desde fines del año pasado, configuró un escenario de inusual estabilidad financiera.
Impulsado por esta previsibilidad y por una fuerte liquidación del sector agropecuario, el país alcanzó un récord histórico en sus exportaciones. Este ingreso masivo de divisas resultó fundamental para que el Banco Central lograra engrosar sus reservas internacionales y oxigenar las cuentas públicas durante el primer cuatrimestre del año.
Sin embargo, la contracara de este congelamiento cambiario es la creciente presión sobre la meta fiscal. Diversos especialistas advierten que la apreciación del peso frente a la inflación acumulada en este semestre comienza a encarecer los costos de producción, lo que podría restarle competitividad a otros sectores clave de la economía y, en consecuencia, golpear la recaudación tributaria.
De cara a los próximos meses, el Gobierno se enfrenta al desafío de sostener el estricto equilibrio de las cuentas públicas sin tener que recurrir a un salto devaluatorio. La evolución sostenida de los ingresos por comercio exterior y la sintonía fina en el control del gasto serán las variables determinantes para garantizar la viabilidad del actual esquema económico





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