
El interés por el sueño de la casa propia se reactivó en el mercado inmobiliario argentino con la oferta de créditos hipotecarios. Sin embargo, acceder a la compra de un departamento promedio de 100.000 dólares requiere cumplir con exigentes condiciones financieras, un ahorro previo significativo y demostrar un nivel de ingresos que se ajuste a las políticas de riesgo de los bancos.
En la actualidad, las entidades bancarias financian, como máximo, el 80% del valor de la propiedad. Esto implica que el solicitante debe contar con un capital inicial de 20.000 dólares en efectivo, a los que se deben sumar alrededor de 10.000 dólares adicionales para cubrir los gastos de escrituración, impuestos y comisiones inmobiliarias. Por lo tanto, el préstamo efectivo a solicitar ronda los 80.000 dólares, otorgados en pesos bajo la modalidad de créditos UVA, los cuales ajustan por inflación más una tasa de interés que varía entre el 3,5% y el 8% anual.
Para aprobar un financiamiento de esta magnitud a un plazo de 20 o 30 años, el sistema financiero establece como regla general que la cuota mensual no puede comprometer más del 25% del salario del solicitante. En números concretos, la cuota inicial promedio para este segmento se ubica hoy entre los 600.000 y 750.000 pesos. Consecuentemente, los bancos exigen que el titular o el grupo familiar demuestre ingresos netos comprobables que oscilen entre los 2.500.000 y 3.000.000 de pesos por mes.
Frente a este escenario, los especialistas del sector recomiendan a los postulantes aprovechar la figura legal de los codeudores, sumando los salarios de cónyuges o convivientes para lograr alcanzar el umbral requerido por las entidades. Asimismo, destacan la vital importancia de evaluar la capacidad de pago a largo plazo de la familia, entendiendo que las obligaciones mensuales se actualizarán de forma constante al ritmo del índice de precios al consumidor.





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