La escasez del principal tratamiento dejó a quienes dependen de insumos nacionales en una situación de emergencia y genera preocupación
El Laboratorio Elea enfrenta su peor crisis de desabastecimiento en décadas. Su medicamento Dutide, versión nacional de la semaglutida para diabetes tipo 2, registra faltantes críticos en farmacias de todo el país. Miles de pacientes que iniciaron tratamientos con esta droga quedaron en un limbo sanitario.
Lo que comenzó como un hito de la industria farmacéutica argentina hoy es un problema de salud pública. La semaglutida es el fármaco de referencia para controlar la diabetes tipo 2 y regular el metabolismo. Pero desde hace meses las góndolas están vacías y las respuestas del laboratorio brillan por su ausencia.
El grupo nacional lanzó Dutide en 2024, tanto en comprimidos como en versión inyectable. Tal como relata Andrés Sanguinetti en el sitio EconomiaSustentable.com, la promesa era clara: acceso económico a un medicamento que en versiones importadas resulta inalcanzable para la mayoría. Durante los primeros meses, esa promesa se cumplió.
En su propia página web, Elea presentó el lanzamiento como «una innovadora solución para el tratamiento integral de la diabetes tipo 2», celebrando haber roto la barrera de precios de las multinacionales.
Dos años después, la situación es desesperante. Los pacientes que confiaron en este medicamento nacional ahora corren de farmacia en farmacia sin encontrar stock. Las respuestas del laboratorio son escuetas o directamente inexistentes.
El costo de producción nacional logró situarse hasta un 80% por debajo del precio de los fármacos internacionales. Esa ventaja competitiva fue la clave del éxito inicial. Pero también fue la semilla del colapso actual: la demanda explotó y la capacidad de producción no acompañó.
Quiénes dominan el mercado de la semaglutida en Argentina
Según informa EconomiaSustentable.com, en el mercado local, la competencia se divide entre productos originales de laboratorios multinacionales y las nuevas moléculas. La gran diferencia está en el precio, donde Elea había logrado una ventaja brutal.
El Ozempic de Novo Nordisk es el rival directo. Por ser el producto original e importado, su precio llega casi a los $500.000 por caja de cuatro jeringas. Es casi tres veces más caro que el Dutide de Elea.
Muchos pacientes migraron masivamente al producto nacional, que con descuento de obras sociales o prepagas puede costar menos de $100.000 por caja. Esa migración saturó la producción local y generó el cuello de botella actual.
También está disponible el Wegovy, del mismo laboratorio danés. Se produce con la misma molécula (semaglutida) pero aprobada específicamente para obesidad, con dosis más altas. Su precio oscila entre $370.000 y $700.000 según los miligramos que se deban aplicar.
La Tirzepatida (Mounjaro/Zepbound) es la competencia de nueva generación. Aunque es más potente que la semaglutida porque actúa sobre dos receptores en lugar de uno, su costo es prohibitivo: cerca de $800.000 mensuales.
La Liraglutida (Saxenda/Victoza) representa una generación anterior. Requiere aplicación diaria, a diferencia de la semanal de la semaglutida. Ha perdido terreno frente a la comodidad y eficacia de los nuevos lanzamientos. Su precio ronda los $500.000 por caja.
La estrategia que colapsó: volumen sobre margen
El modelo de Elea fue apostar al volumen sobre el margen de ganancia, afirma el sitio EconomiaSustentable.com. Al producir localmente, el laboratorio evita costos de importación y logística internacional de cadena de frío que enfrentan las multinacionales. Eso les permite ofrecer el producto a una fracción del precio internacional.
Esta brecha de más del 150% con la competencia extranjera generó un problema crítico: ante cualquier faltante de producción en la planta nacional, el paciente no tiene alternativa económica real y queda atrapado entre pagar un sobrecosto enorme o interrumpir el tratamiento.
El laboratorio enfrenta ahora el desafío de gestionar el éxito de su línea metabólica. Mientras sus dueños continúan diversificando inversiones, su imagen está bajo la lupa por la inoperante capacidad de respuesta logística ante la explosiva demanda.
Quién es el grupo empresario detrás de Elea
Elea es una de las mayores empresas farmacéuticas de capitales argentinos. Con más de 80 años de trayectoria, se consolidó como líder en innovación. La adquisición de Phoenix en 2017 le permitió expandir su vademécum a casi todas las áreas terapéuticas.
Según EconomiaSustentable.com, la compañía mantiene una posición estratégica en medicamentos de venta libre (OTC) y en desarrollo de biotecnología. Fue el primer laboratorio nacional en lanzar versiones locales de moléculas complejas, como es el caso de la semaglutida.
La propiedad de Elea está estructurada a través de una alianza entre tres de las familias más poderosas del sector salud argentino. El control accionario se divide en tres partes iguales.
El liderazgo está en manos de Hugo Sigman y Silvia Gold, dueños del Grupo Insud. Sigman es considerado una figura de peso global en biotecnología y vacunas. También tiene presencia en el mundo del cine con su productora K&S Films.
En Elea comparte accionariado con Daniel Sieleck, miembro de una familia histórica de la industria farmacéutica argentina. Los Sieleck también tienen intereses en el sector energético.
El grupo se completa con Luis Gold, representante de otra de las ramas familiares fundacionales. Ha mantenido un perfil más bajo que Sigman, pero es considerado clave en la dirección estratégica y operativa del laboratorio.
Entre todos crearon una empresa con liderazgo en consumo masivo. Marcas como Geniol, Hepatalgina, Adermicina, Evatest y Pervinox forman parte del botiquín argentino desde hace décadas.
También son fuertes en biotecnología y alta complejidad. A través de sus plantas en Argentina producen desde tratamientos oncológicos hasta terapias para enfermedades raras.
Su modelo de negocios actual se basa en lanzar versiones nacionales de drogas de alta demanda a precios significativamente menores que los laboratorios internacionales. Eso les permite capturar rápidamente la cuota de mercado de obras sociales y prepagas.
Por qué la demanda explotó y la producción no alcanza
Este beneficio de costo, sumado a la popularidad global de la molécula para pérdida de peso, generó un efecto cuello de botella. Fuentes del sector farmacéutico indican que la demanda ha superado las proyecciones más optimistas para este 2026.
«Estamos recibiendo apenas un tercio de las unidades que solicitamos semanalmente. El paciente diabético, que es quien tiene la indicación prioritaria, llega a la farmacia y se encuentra con que el stock de Dutide se agota en horas», comenta un farmacéutico del barrio de Palermo a EconomiaSustentable.com.
Pero esta falta del medicamento no es solo un inconveniente logístico. Es un riesgo sanitario real para los pacientes diabéticos que iniciaron tratamiento con Elea.
La semaglutida actúa regulando el azúcar en sangre y prolongando la sensación de saciedad. Para un paciente con diabetes tipo 2, la interrupción del tratamiento puede derivar en descompensaciones graves en los niveles de glucemia.
También implica pérdida del control metabólico alcanzado tras meses de tratamiento. Y genera dificultad para retomar la dosificación progresiva (titulación) una vez que se recupera el stock.
Qué dicen las cámaras de farmacias y el laboratorio
Desde las cámaras de farmacias advierten que los faltantes son «momentáneos». Aseguran que responden a un reabastecimiento que no llega a la velocidad del consumo.
Fuentes cercanas al laboratorio indican que la planta de producción está operando a su capacidad máxima. Sin embargo, las críticas apuntan a una falla en la previsión de demanda.
El éxito de la semaglutida nacional fue tan rotundo que el sistema logístico colapsó ante una demanda que triplicó las estimaciones para este semestre, dejando al descubierto una planificación industrial insuficiente.
Los períodos de escasez del medicamento son cada vez más prolongados. Por eso crecen de manera exponencial las denuncias por interrupción de tratamientos.
En los últimos meses, organizaciones de pacientes y organismos de control comenzaron a canalizar el malestar de quienes dependen de este fármaco.
Dónde denunciar la falta de medicamento y qué hacer
Las denuncias se concentran principalmente en tres canales. Reflejan la frustración de los usuarios frente a la falta de respuestas claras:
- Reportes ante la ANMAT: el organismo regulador habilitó canales específicos como el correo disponibilidad@anmat.gob.ar ante el aumento de alertas por quiebre de stock. Los pacientes denuncian que, al ser un producto de producción nacional, la distribución debería ser más estable que la de los fármacos importados.
- Acciones en Defensorías del Pueblo: se registraron presentaciones colectivas solicitando que se garantice el suministro para pacientes con diabetes tipo 2. La queja principal radica en que el boom estético (el uso del fármaco para adelgazar sin patología de base) está consumiendo el inventario destinado al mercado interno.
- Reclamos a Obras Sociales y Prepagas: muchos afiliados denuncian que las entidades de salud rechazan autorizaciones o dilatan entregas alegando que el laboratorio no entrega las unidades pactadas. El paciente queda en un limbo legal y médico.
«Mi tratamiento se cortó hace 20 días. En la farmacia me dicen que Elea no manda el pedido y el laboratorio dice que están distribuyendo normalmente. En el medio, mi glucemia volvió a subir«, relata uno de los testimonios presentados ante la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA).
Los expertos recomiendan a los afectados exigir a sus médicos un informe de «continuidad terapéutica». Ese documento permite presentarse ante las autoridades y presionar legalmente por la entrega de las dosis faltantes.
Alerta por mercado negro y medicamentos falsificados
La falta de producto oficial disparó una alarma colateral. Aparecieron denuncias por ventas ilegales en redes sociales y plataformas de e-commerce.
La ANMAT ya advirtió sobre la comercialización de unidades falsificadas o magistrales sin control sanitario. Estas alternativas ilegales intentan llenar el vacío dejado por la falta de suministro de Elea.
Tanto el organismo de control oficial como médicos diabetólogos advierten sobre la necesidad de no interrumpir el tratamiento sin consultar. Ante la falta de stock, es vital hablar con el endocrinólogo para evaluar alternativas temporales.
Muchas farmacias están habilitando listas de espera para priorizar a pacientes con recetas autorizadas por patologías crónicas. Es una forma de intentar garantizar que quienes más lo necesitan tengan prioridad.
La situación plantea un debate ético y regulatorio sobre la prioridad de entrega. En un mercado donde la «droga de moda» es, ante todo, un medicamento esencial para la vida, ¿quién debe tener acceso primero?





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