El superávit energético es récord y estiman que podría duplicarse

Un informe sostiene que el shale oil y shale gas consolidaron un cambio estructural en la balanza energética. El superávit alcanzó los u$s5.670 millones y podría duplicarse en los próximos años.

El desarrollo de Vaca Muerta continúa consolidándose como uno de los principales motores económicos de la Argentina y ya comienza a mostrar impactos estructurales sobre la balanza comercial, las reservas y el esquema energético nacional.

Así lo plantea un informe elaborado por el Instituto de Energía de la Universidad Austral, que señala que durante 2025 el balance comercial energético alcanzó un superávit de u$s5.670 millones, profundizando la mejora iniciada a fines de 2023.

Según el reporte, la combinación entre crecimiento de exportaciones de petróleo y gas y la fuerte reducción de importaciones energéticas permitió transformar al sector en una de las principales fuentes de generación de divisas para la economía argentina.

Vaca Muerta se consolida como el centro energético del país

El informe identifica a Vaca Muerta como el “centro de gravedad energético” de la Argentina. Durante 2025 se realizaron cerca de 23.900 etapas de fractura hidráulica y para 2026 se proyectan aproximadamente 28.000, lo que implicaría un crecimiento de entre 20% y 22%.

Para la Universidad Austral, esta dinámica refleja la consolidación industrial del desarrollo shale, el aumento de la productividad y una creciente orientación exportadora del sector. En petróleo, la producción nacional alcanzó los 906.000 barriles diarios, con una suba interanual del 21%.

El dato más relevante es que el shale oil ya representa más del 66% de toda la producción nacional, confirmando el cambio estructural que atraviesa la matriz hidrocarburífera argentina.

El gas también acelera y fortalece el autoabastecimiento

La expansión no se limita al petróleo. La producción de gas natural alcanzó los 141,45 millones de metros cúbicos diarios, con un crecimiento interanual del 11%.

Dentro de ese total, el gas no convencional avanzó 20% y ya explica más de dos tercios de toda la oferta nacional.

“La Cuenca Neuquina se consolida como el principal centro de producción y el autoabastecimiento ya es una posibilidad concreta”, sostiene el reporte.

El crecimiento del shale gas permitió además reducir significativamente la necesidad de importaciones de GNL, especialmente durante los picos de demanda invernal.

Menos importaciones y más dólares para la economía

Uno de los puntos centrales del informe es justamente el impacto macroeconómico que comienza a tener el nuevo escenario energético.

La caída de importaciones de combustibles y gas natural licuado redujo presión sobre las reservas internacionales y mejoró el frente externo argentino.

En paralelo, las exportaciones energéticas crecieron cerca del 20% interanual durante 2025, fortaleciendo el ingreso de divisas.

Según el Instituto de Energía, el sistema argentino está dejando atrás una lógica de déficit energético estructural para avanzar hacia un esquema basado en autosuficiencia y capacidad exportadora.

“El principal mensaje del reporte es claro: la energía dejó de ser únicamente un sector productivo para convertirse en una de las principales herramientas de estabilidad macroeconómica y desarrollo de largo plazo”, remarca el documento.

Infraestructura y reglas claras, los próximos desafíos

A pesar de las mejoras, el informe advierte que la expansión acelerada del sector exige fuertes inversiones en infraestructura.

Entre los principales desafíos aparecen la ampliación de gasoductos, oleoductos, redes eléctricas y capacidad de transporte energético para sostener el crecimiento productivo y exportador.

El trabajo también señala que la normalización tarifaria seguirá siendo clave para atraer inversiones y reducir subsidios fiscales.

En ese contexto, la Universidad Austral sostiene que la consolidación del nuevo escenario energético dependerá de mantener previsibilidad regulatoria y una estrategia de largo plazo.

Energía y estabilidad macroeconómica

El informe concluye que el sector energético dejó de ser únicamente un actor productivo para convertirse en una pieza central del equilibrio económico argentino.

La posibilidad de sostener superávits energéticos crecientes no solo fortalece la balanza comercial, sino que también mejora la capacidad del país para acumular reservas, estabilizar el mercado cambiario y reducir vulnerabilidades externas.

“Contar con recursos propios y capacidad exportadora deja de ser solo una ventaja sectorial para transformarse en un factor central de seguridad económica nacional”, concluye el reporte.

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