Con ventas por u$s8.914 millones, la balanza comercial garantiza un flujo de dólares que mantenga estable al dólar. Flojo nivel importador de la industria
La profecía de Javier Milei sobre que al Banco Central le saldrían «dólares por las orejas» empieza a transformarse en realidad: en abril volvió a darse un récord de exportaciones, y también de superávit en la balanza comercial.
Esto le permite al gobierno ganar confianza respecto de que la política cambiaria se mantendrá sin sobresaltos en el corto plazo, aun cuando el nivel de compra de dólares por parte de los ahorristas haya vuelto a su nivel histórico de u$s1.500 millones mensuales.
Ocurre que con un ingreso exportador de u$s8.914 millones en un mes y un saldo neto de u$s2.711 millones, el flujo de divisas tiene la suficiente robustez como para satisfacer la demanda de los ahorristas y, además, las compras del BCRA para saldar deudas y acumular reservas.
El boom petrolero que lidera el récord exportador
Como se preveía, el mayor protagonismo fue para la exportación petrolera, que llegó a u$s1.544 millones, lo que implica un salto de 86% respecto de hace un año. Pero la mejor noticia es que, contra lo que podía pensarse, no toda esa suba se explica por la gran suba de cotización del barril de crudo en el mercado global sino, sobre todo, por el aumento en los volúmenes de producción.
Puesto en números, el combustible que se embarcó en abril tuvo un incremento de 53% en cantidades exportadas, mientras que se benefició por precios un 21% más altos que hace un año.
El optimismo del gobierno se justifica porque todavía la estadística del comercio exterior no refleja en su plenitud el pico de los precios petroleros. Dado que hay un desfasaje de unos 45 días entre el inicio de la operación aduanera y el ingreso por la exportación, todavía se están registrando los precios del inicio del conflicto en Medio Oriente.
De momento, el barril del crudo Brent sigue por encima de los u$s100, lo que implica que, aun si la situación en el estrecho de Ormuz tuviese una resolución a corto plazo, Argentina todavía cuenta con margen para que en los próximos tres meses se registre una suba de las ventas por el efecto precio.
Los proyectos que multiplican la apuesta en Vaca Muerta
Y todo esto, en medio del boom petrolero de la cuenca de Vaca Muerta, en la que se siguen anunciando proyectos de alto impacto:
- YPF lanzó una inversión de u$s25.000 millones que permitirá la perforación de más de 1.000 pozos, con lo cual la empresa llegará a una producción de 240.000 barriles diarios, según la estimación de su presidente, Horacio Marín
- El proyecto de gas licuado hasta las nuevas plantas en el golfo de San Matías promete un salto adicional de u$s20.000 millones cuando entre en funcionamiento a fines de 2027
Mientras tanto, ya es una realidad el saldo comercial cercano a los u$s3.000 millones por mes, lo cual torna más verosímil el objetivo que se había planteado el gobierno de tener un total exportador por u$s100.000 millones en el año, con un saldo superior a los u$s20.000 millones.
Es un escenario que permite a Toto Caputo aminorar la dependencia del crédito en el mercado global de crédito para afrontar los exigentes vencimientos financieros del año próximo: u$s23.000 millones para el Tesoro y u$s11.200 millones para el BCRA.
La ola verde de la cosecha gruesa impulsa el superávit
El otro gran factor impulsador de las exportaciones es, naturalmente, el campo, por el inicio de la liquidación de la cosecha gruesa.
El embarque de productos primarios tuvo un aumento interanual de 25% mientras que las manufacturas de origen agropecuario subieron un 14%. Igual que como ocurrió con el rubro petrolero, las subas también obedecen más a un incremento del volumen de producción que al efecto precio.
Y esta situación permite mantener el optimismo a corto plazo, dado que el movimiento más fuerte en la zona portuaria de Rosario recién se produjo en mayo, cuando se registraron jornadas con más de 14.000 vehículos al polo del cual sale el 80% de la exportación cerealera.
Las previsiones, que ya eran optimistas, se revisaron al alza en las últimas semanas, de manera que se prevé que se levantarán:
- 50 millones de toneladas de soja
- 68 millones de toneladas de maíz, según el reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario
Traducido a dólares, la nueva proyección de los expertos apunta a que en todo el año se podría llegar a u$s36.100 millones, el cuarto mejor resultado de las últimas décadas, después de los excepcionales embarques de 2021 y 2022, impactados por la pandemia y el conflicto de Ucrania, y del 2025, que tuvo la ayuda de un clima óptimo.
También están ayudando los precios, dado que la soja está mostrando una nueva presión alcista en el mercado de Chicago, con cotizaciones que en este momento superan los u$s440 por tonelada, contra un promedio de u$s380 registrado durante el año pasado.
El talón de Aquiles: importaciones que no despegan
La euforia de los números que deja la balanza tiene, sin embargo, un «talón de Aquiles»: las importaciones muestran un nivel relativamente bajo. En realidad, no es que las compras de u$s6.204 millones sean poca plata, sino que lo que se está comprando como insumo de la industria y el agro no luce suficiente como para asegurar un crecimiento superior a 4% del PBI, como proyecta el gobierno.
Según la regla aceptada por la mayoría de los economistas argentinos, se necesita que, por cada punto de suba del PBI, crezcan 3 puntos las importaciones. Y en este momento está ocurriendo lo contrario: caen tanto la importación de bienes de capital como la de piezas y accesorios.
Lo cierto es que esta situación no representa una sorpresa si se tiene en cuenta el dato de la capacidad que permanece ociosa en las plantas fabriles. A pesar de haber registrado una mejora en las últimas mediciones, todavía la industria usa un porcentaje bajo de su infraestructura: un 59,8% en promedio, con un 40% para los rubros más afectados por la competencia importada, como el textil.
En contraste, los rubros que siguen incrementándose son los que compiten con los productos de fabricación nacional, como los bienes de consumo y los automóviles. Sumados, ambos rubros ya representan un 23% del total de importaciones, lo que implica 10 puntos más que hace dos años.





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