El refuerzo de divisas enviado por el Fondo y la continuidad de compras en el mercado impulsaron el stock a máximos en años, aunque los compromisos de deuda y el uso de reservas por parte del Tesoro aún condicionan la acumulación neta.

El Banco Central logró llevar sus reservas a un nuevo techo nominal dentro de la actual administración, impulsado por una combinación de factores externos y operativos. El punto de inflexión fue el desembolso reciente del FMI por US$1000 millones, que llegó junto con observaciones sobre el programa vigente.
A la par, la autoridad monetaria mantiene una estrategia activa de compra de divisas en el mercado local, lo que permitió reforzar el nivel bruto de reservas durante el año. También influyó la mejora en la valuación de activos que integran su cartera.
El resultado fue un salto que ubicó las tenencias por encima de los US$47.900 millones, un registro que no se observaba desde 2019. Sin embargo, este avance convive con obligaciones cercanas: pagos de deuda y cancelaciones de instrumentos en moneda extranjera que presionan sobre la disponibilidad real.
El objetivo oficial de acumulación para este año plantea un rango ambicioso, pero su cumplimiento depende de factores aún abiertos, como la posibilidad de conseguir financiamiento externo y reducir la dependencia de las reservas para afrontar compromisos del Tesoro.
En paralelo, estimaciones privadas sugieren que el ritmo de compras podría ser incluso mayor al previsto inicialmente. Aun así, advierten que buena parte de los dólares adquiridos termina utilizándose para cubrir vencimientos, lo que limita la mejora en términos netos.





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