Se viene el efecto aguinaldo: el Gobierno y bancos se preparan para un salto en la compra de dólares

La compra de dólares por parte de ahorristas viene en ascenso, y en el corto plazo confluyen factores que harán subir el nivel de demanda

Este momento del año no sólo es el del pico estacional de entrada de dólares: es, también, el de mayor demanda de billetes verdes por parte de los ahorristas. Y hay varios motivos para ello, sobre todo el «efecto aguinaldo», que implica una transferencia de liquidez desde las empresas y el sistema financiero hacia los asalariados.

El pago se realiza en la segunda mitad de junio, y su impacto financiero suele impactar sobre este mes y sobre el siguiente. Esta situación, típicamente puede generar tres efectos:

*un mayor nivel de cancelación en las deudas de las familias -cuyo nivel de morosidad asciende al récord de 11,5%, según los últimos datos del Banco Central-;

*un incremento en los niveles de consumo, que podría recuperarse tras las mejoras del salario real como consecuencia de los convenios firmados por los gremios más numerosos;

*una canalización de la mayor liquidez del público hacia los dólares, ya sea con fines de atesoramiento, de turismo o de compra de activos dolarizados -como las mini importaciones vía courier, el llamado «efecto Temu», que en abril ascendió a u$s118 millones-.

Los economistas prevén que ocurrirá una combinación de las tres situaciones, aunque observan que las compras para atesoramiento están en un camino ascendente. El nivel de compras viene subiendo desde inicios de año, aunque con volúmenes inferiores a los del año pasado, cuando el levantamiento del cepo y la incertidumbre electoral funcionaron como alicientes para que los ahorristas corrieran a los bancos a comprar divisas.

Sin embargo, esa relativa calma que se observa ahora tuvo un punto de inflexión: el último reporte del BCRA muestra que en abril pasado la demanda de dólares ya fue mayor que la de hace un año.

El colchón de dólares adelgaza

Las compras totales, realizadas por un millón y medio de ahorristas, fueron por u$s2.727 millones, aunque la cifra neta -al descontar el monto de quienes vendieron dólares- queda en u$s2.292 millones. A pesar de ser el número más alto del año, el gobierno no mostró preocupación, dado que la mayor parte quedó depositada en el sistema bancario.

Esto implica que hay menor preferencia por «el colchón» como refugio de valor, algo que precisamente va en línea con la prédica que viene realizando el ministro de Economía, Toto Caputo, tras la modificación de la norma que presume «inocencia fiscal» a quienes depositen dólares en sus cuentas. El argumento del gobierno es que esa preferencia a la hora de atesorar los dólares es una señal de confianza en el sentido de que no hay riesgo de confiscaciones ni canjes compulsivos para los ahorristas.

Esa permanencia de los dólares en los bancos hace que los depósitos continúen en su nivel de u$s40.000 millones, lo que posibilita que se siga expandiendo el crédito al sector privado y también el fondeo al Tesoro, que está emitiendo en el mercado doméstico bonos nominados en dólares para hacer frente a los vencimientos de deuda.

El otro consuelo para el gobierno es que, de las compras con tarjeta que realizan los turistas argentinos en el exterior, un 70% son pagadas desde sus propias cuentas bancarias. Es decir, es un error metodológico sumar las compras de divisas para ahorro y el total de las compras de pasajes y gastos con tarjeta de crédito. En todo caso, la salida neta del turismo, cuando al gasto total se le descuentan esos dólares del sistema bancario, queda en u$s244 millones.

El precio bajo del dólar, un aliciente

La parte en la que el discurso del gobierno no se ha visto refrendada por la realidad es la que refiere a la recuperación de la demanda de pesos. Tanto es así que el Tesoro, en las últimas licitaciones, ha exacerbado su tendencia a absorber liquidez excedente, por temor a que se genere presión sobre los precios o sobre el tipo de cambio.

Más bien al contrario, la demanda continuó justamente en un momento de caída de la cotización nominal, que tuvo su mínimo a mediados de abril, con un dólar vendido a $1.380 en el Banco Nación.

Durante mayo se generó un rebote, que llevó el precio hasta $1.430, y los primeros indicios marcan que esa tendencia seguiría durante junio. Como ha ocurrido en otros momentos, esa percepción de que el precio bajo es una «ventana de oportunidad» motivó a los pequeños inversores, que tienen la expectativa de que el dólar sea el mejor refugio en los próximos meses, sobre todo si la inflación sigue a la baja y las tasas de interés pasivas se tornan cada vez menos atractivas.

Desde el punto de vista del gobierno, el hecho de que esté ingresando una «ola de dólares» como consecuencia de la exportación de la cosecha gruesa y del boom de las ventas petroleras debe actuar como un «calmante» para el mercado. La explicación del ministro de Economía es que si no fuera por la activa intervención del BCRA en el mercado, el dólar estaría cotizando a $1.100, en vez de los actuales $1.420.

Es una afirmación que remite a uno de los momentos más polémicos de Caputo, el de julio del año pasado, cuando ante la proliferación de críticas por el atraso cambiario, hizo su célebre desafío: «Si lo ves barato, compra, campeón, no te la pierdas». Y el público le tomó la palabra, al incrementar en 50% el nivel de atesoramiento de dólares.

Más oferta de dólares… ¿y más demanda?

¿Qué ocurrirá ahora? El gobierno tiene una ventaja, que es el excelente momento de la exportación, que está dejando unos u$s9.000 millones, con un saldo de balanza comercial de más de u$s2.700 millones al mes.

Pero en la vereda de enfrente, hay economistas que opinan que, precisamente, esa oferta de divisas será lo que incentive a una mayor demanda en las ventanillas de los bancos.

De hecho, lo que muestra la estadística es que los meses en los que hubo grandes picos de compra de billetes fueron, exactamente, los que mostraron ingresos masivos de divisas. Por ejemplo, septiembre del año pasado, cuando Caputo eliminó temporariamente las retenciones de exportación para estimular a los productores sojeros a liquidar u$s7.000 millones. En aquella ocasión, la compra de dólares por parte de los ahorristas triplicó al nivel que se está verificando en este momento.

Lo que argumentan los analistas es que los productores agrícolas, que son obligados a liquidar esas divisas, automáticamente vuelven a demandarlas, ya sea para hacer frente a obligaciones financieras dolarizadas o para la compra de maquinaria e insumos para la nueva cosecha.

En todo caso, lo cierto es que la compra de dólares por parte del público minorista está nuevamente en su promedio histórico de los últimos años, y con tendencia al alza, aunque ahora con una diferencia notoria: la cuenta corriente ya no muestra un crónico déficit sino que pasó a números positivos, gracias al gran momento de las exportaciones.

F:Iprofesional

Deja un comentario

Descubre más desde Cronica del Noa

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo