La dirigencia de Riquelme tiene todo acordado con el Vasco desde el aspecto deportivo y solo restan definir los números de su contrato, algo que no será impedimento para que vuelva a dirigir en La Bombonera tras más de una década.
Era el gran favorito de Juan Román Riquelme, desde hace ya varios días sacaba varias cabezas de ventaja en la carrera para suceder a Claudio Úbeda y este domingo, luego de haber limado varios detalles en la negociación que llevó adelante el propio presidente, desde Boca se animan a confirmar que el nuevo entrenador será Rodolfo Arruabarrena. Un viejo conocido que regresa a casa.
Desde el aspecto deportivo, ya está todo cerrado. El ex técnico azul y oro dialogó en profundidad con Román sobre el mercado de pases que se avecina y la hoja de ruta para sumar refuerzos de jerarquía de cara a la segunda mitad del año.
El objetivo es claro y no admite medias tintas: el Xeneize cayó en la fase de grupos de la Copa Libertadores y tiene la obligación moral e histórica de ganar la Sudamericana. El último título internacional del club fue la Recopa Sudamericana 2008, una sequía de casi dos décadas que pesa cada vez más sobre los hombros de los jugadores. A eso se suman el Torneo Clausura y la Copa Argentina como frentes en el fútbol local.

Lo que todavía resta definir es su contrato, aunque los números no serían ningún impedimento. El Vasco siempre quiso volver. Desde que se marchó en 2016 estuvo esperando este llamado del club que lo formó profesionalmente, lo vio debutar y darse el gusto de ser campeón dentro y fuera de la cancha. Finalmente, en los últimos días le hizo sonar el teléfono Riquelme, con quien tiene una muy buena relación, y no tardó en dar el “sí”.
Apenas se llegue al acuerdo económico, Arruabarrena viajará a Buenos Aires para formalizar el vínculo por 18 meses y ser presentado en sociedad. La intención de Boca es que todo esté resuelto antes del miércoles próximo, para que sus ayudantes tengan margen suficiente para instalarse en el predio de Ezeiza y comenzar a planificar la pretemporada, que arrancará el 18 de julio, una vez concluido el Mundial.
Arruabarrena llega de una travesía por el fútbol del Golfo y el norte de África para encarar su segundo ciclo al frente del Xeneize. El primero, entre 2014 y 2016, tuvo de todo. Le tocó agarrar un fierro caliente: suceder a Carlos Bianchi, cuya tercera etapa había dejado más sombras que luces. El Vasco encaminó al equipo y lo coronó con dos títulos locales: el torneo de Primera División y la Copa Argentina 2015. Pero su ciclo quedó también marcado por las duras eliminaciones ante River en la Copa Sudamericana 2014 y la Copa Libertadores 2015, con el episodio del gas pimienta en el Monumental, un hecho imborrable del que no tuvo ninguna responsabilidad. El 2016 llegó mal desde el arranque y se fue tras perder con Racing en la quinta fecha.
Desde entonces, recorrió el mundo. Al-Wasl, Al-Rayyan, Shabab Al-Ahli, Pyramids, Al-Taawoun y la selección de Emiratos Árabes Unidos, con la que no logró clasificar al Mundial de Qatar 2022, fueron las estaciones de una trayectoria errante que ahora encuentra su nuevo destino donde siempre debió terminar. La Bombonera lo espera.
F:TyC Sports





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