Tras años de complicaciones financieras, la firma afronta una etapa clave negociando con acreedores tras recortar personal y activos clave
La crisis que atraviesa el consumo interno sigue dejando heridos entre las pequeñas y medianas industrias. Esta vez fue el turno de Faraón Hogar, una empresa con más de 30 años de trayectoria dedicada a fabricar y comercializar termotanques, estufas, ventiladores, secarropas, muebles metálicos y otros artículos para el hogar, cuyo principal mercado son los comercios que abastecen a consumidores de ingresos medios y bajos, uno de los segmentos más golpeados por la pérdida del poder adquisitivo.
Después de dos años de ventas en retroceso, una profunda reestructuración y fuertes pérdidas, la firma quedó formalmente en concurso preventivo de acreedores, luego de que el Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Comercial N° 6 dispusiera la apertura del proceso. En la presentación judicial, la empresa sostuvo que el derrumbe del consumo, el aumento de los costos operativos, la apertura de las importaciones y las dificultades para acceder al crédito terminaron por hacer inviable la continuidad de su esquema de negocios.
El caso expone la situación que atraviesan muchas pymes manufactureras orientadas al mercado interno. A diferencia de las grandes compañías, estas empresas dependen casi exclusivamente del consumo doméstico para sostener la producción. Cuando las familias postergan la compra de un lavarropas, una estufa o un ventilador, el impacto no tarda en trasladarse a toda la cadena: los comercios venden menos, reducen los pedidos y las fábricas empiezan a operar con capacidad ociosa mientras los costos siguen creciendo.
De un emprendimiento familiar a una fábrica con alcance nacional
La historia de Faraón Hogar comenzó en 1995, cuando Rubén Loccisano dejó su trabajo como viajante de comercio y empezó a fabricar, con recursos propios, apenas 100 lavarropas redondos. Aquel emprendimiento fue creciendo hasta incorporar secarropas, calefacción, muebles de caño, artículos para camping y otros productos para el hogar.
En 2010 la empresa adoptó la figura de sociedad de responsabilidad limitada para acceder al financiamiento bancario y acompañar su expansión. Con nuevas inversiones incorporó maquinaria para trabajar hierro, aluminio y plásticos, montó una planta industrial de 1.000 metros cuadrados en San Martín y desarrolló una red comercial que abastecía a mayoristas desde Tierra del Fuego hasta Jujuy.
Pero el escenario cambió de manera abrupta en los últimos dos años.
Ante el desplome de las ventas, la compañía dejó la planta industrial y trasladó la producción a un taller alquilado de 350 metros cuadrados, complementado por un depósito de 300 metros cuadrados, con el objetivo de reducir a menos de la mitad el costo del alquiler. También recortó su estructura hasta quedar con apenas siete empleados.
Según explicó en la presentación del concurso, ni siquiera ese ajuste alcanzó para compensar la caída de la demanda.
De las ganancias al rojo en apenas un año
El deterioro operativo terminó reflejándose en los números. Durante 2025 las ventas retrocedieron de $599,4 millones a $392,3 millones, una caída cercana al 35% respecto del ejercicio anterior. La combinación de menores ingresos y mayores costos hizo que la empresa pasara de obtener una utilidad cercana a $40 millones en 2024 a cerrar el último ejercicio con una pérdida de $149,5 millones.
Al momento de presentarse en concurso, Faraón Hogar informó activos por $379,3 millones, pasivos por $444,3 millones y un patrimonio neto negativo superior a $65 millones, reflejando el deterioro financiero acumulado.
La deuda quedó distribuida entre bancos, organismos fiscales y proveedores estratégicos para la continuidad de la producción. Entre los principales acreedores figuran:
- Banco Nación
- Banco Provincia
- Banco Galicia
- Banco Credicoop
- ARCA
- Empresas como Drean, WEG, Cortestamp, Industrias Feman y Ekitako
La última apuesta para seguir en actividad
La empresa asegura que el concurso fue el último recurso después de agotar distintas alternativas para sostener la operación. Según consta en la presentación judicial, los socios vendieron un camión, un automóvil e incluso una matriz de producción para obtener liquidez. También aportaron sus ahorros personales y recurrieron a préstamos de familiares y allegados para afrontar salarios y otros compromisos inmediatos.
Pese a esos esfuerzos, la cesación de pagos terminó siendo inevitable.
Aun así, la firma sostiene que mantiene su cartera de clientes mayoristas, el servicio técnico y parte de su capacidad productiva. Su objetivo ahora es utilizar el concurso preventivo para renegociar sus deudas y preservar la continuidad de la empresa. Entre las medidas previstas figura el desembarco directo en el comercio electrónico, un canal que hasta ahora evitaba para no competir con sus propios distribuidores.
Más allá del resultado del proceso judicial, el caso de Faraón Hogar sintetiza el momento que atraviesan numerosas pymes industriales enfocadas en bienes durables para el mercado interno. Empresas que crecieron al ritmo del consumo y que hoy enfrentan un escenario muy distinto, con familias que priorizan los gastos esenciales, comercios que reducen sus pedidos y un acceso al financiamiento que resulta insuficiente para atravesar una caída prolongada de la demanda.
F:IProfesional





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