Un meteorito antártico revela que el magnetismo fue clave en el nacimiento del Sistema Solar hace 4.600 millones de años

El estudio de minerales primitivos detectó una fuerza de entre tres y doce veces superior a la terrestre actual, que habría guiado el gas hacia el Sol en formación

El estudio de minerales primitivos detectó una fuerza de entre tres y doce veces superior a la terrestre actual, que habría guiado el gas hacia el Sol en formación

El estudio de minerales primitivos detectó una fuerza de entre tres y doce veces superior a la terrestre actual, que habría guiado el gas hacia el Sol en formación

Según esa imagen, una enorme nube de gas y polvo comenzó a colapsar hace unos 4.600 millones de años, se aplanó de forma gradual y terminó convertida en el disco de materia a partir del cual nacieron el Sol, los planetas, asteroides y meteoritos.

Infografía con texto sobre el meteorito DOM 08006, ilustraciones de campos magnéticos, un meteorito en llamas y científicos en la nieve.Una infografía de Infobae sintetiza el hallazgo del Instituto Tecnológico de Massachusetts sobre el campo magnético del meteorito DOM 08006 en la Antártida Oriental. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esa explicación sigue en pie, pero una investigación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) suma ahora una pieza que faltaba: el magnetismo ya actuaba en una etapa mucho más temprana de lo que se pensaba.

La novedad surgió del análisis de DOM 08006, un meteorito encontrado en 2008 en Dominion Range, en la Antártida Oriental. En el interior de esa roca, un equipo de especialistas detectó señales magnéticas preservadas desde los primeros momentos de la historia solar.

El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, sostiene que ese registro ofrece una prueba directa de que los campos magnéticos participaron en la reorganización de la nebulosa primitiva, cuando la estrella central todavía no completaba su formación.

El meteorito guardó una señal de cuando el sistema solar apenas empezaba a tomar forma

Las inclusiones ricas en calcio y aluminio del meteorito conservaron señales magnéticas de la nebulosa primitiva.Las inclusiones ricas en calcio y aluminio del meteorito conservaron señales magnéticas de la nebulosa primitiva.

El valor científico de DOM 08006 reside en su estado de conservación. A diferencia de otros meteoritos que sufrieron transformaciones intensas a lo largo de miles de millones de años, esta pieza mantuvo minerales muy antiguos con cambios mínimos. Esa condición permitió estudiar fragmentos que funcionan como una cápsula del tiempo de la infancia del sistema solar.

Los investigadores pusieron el foco en las llamadas inclusiones ricas en calcio y aluminio, conocidas como CAI. Estos materiales integran el grupo de sólidos más antiguos identificados hasta ahora en el sistema solar.

Algunas se formaron dentro de los primeros 200.000 años, una ventana temporal muy cercana al origen mismo del disco de gas y polvo. Por eso, cualquier marca física o química atrapada en ellas adquiere un valor extraordinario para reconstruir ese período remoto.

Dentro de esas inclusiones, el equipo examinó diminutos granos con minerales magnéticos, entre ellos compuestos con hierro. Esos granos conservaban una magnetización remanente, es decir, una suerte de archivo fósil del entorno magnético en el que se formaron. A partir de ese registro, los autores calcularon la intensidad del campo magnético presente en aquel momento.Una correa de cuero con hebilla metálica sobre hielo glaciar en primer plano, con montañas rocosas y nevadas en el fondo.La investigación publicada en Proceedings of the National Academy of Sciences planteó que el magnetismo participó en la reorganización del disco protoplanetario. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El resultado sorprendió por su magnitud. Las mediciones indicaron un campo de entre 150 y 600 microteslas, una intensidad equivalente a entre tres y doce veces el campo magnético terrestre actual.

Ese rango no representa un detalle menor: sugiere que el magnetismo no fue una presencia marginal ni un fenómeno secundario, sino una fuerza con capacidad de intervenir en el movimiento de la materia dentro de la nebulosa solar.

La relevancia del hallazgo no depende solo del número. También importa el momento al que remite. Trabajos anteriores del mismo grupo ya habían encontrado señales de magnetismo en materiales formados unos dos millones de años después del comienzo del sistema solar. En esa etapa, el Sol ya existía y los planetas empezaban a agruparse. El nuevo estudio empuja ese registro mucho más atrás, hasta un período en el que el escenario todavía estaba en plena reorganización.

Ese retroceso temporal cambia el tipo de pregunta científica. Ya no se trata solamente de entender qué papel pudo cumplir el magnetismo cuando los planetas comenzaban a ensamblarse. La cuestión ahora apunta a una fase anterior y más decisiva: el paso desde una nube de gas y polvo con forma aproximadamente esférica hacia un disco protoplanetario cada vez más ordenado, la estructura a partir de la cual tomó forma el Sistema Solar.La Tierra en primer plano. Una fila de ocho planetas, el Sol, estrellas y múltiples trazas de luz en el espacio oscuro.El hallazgo propone que el magnetismo ayudó a transformar la nebulosa solar en un disco de gas y polvo donde nacieron los planetas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En ese punto aparece uno de los aportes centrales del trabajo. “Creemos que este tipo de campos magnéticos ayudaban a mover gas desde el disco protoplanetario hacia esta estrella central, el Sol”, explicó Cauê Borlina, primer autor del estudio. “La gravedad también está desempeñando un papel importante. Pero ahora estamos demostrando que, si quieres comprender completamente cómo se formaron el Sol y los planetas, debes incluir los campos magnéticos entre los ingredientes”.

La frase resume el núcleo de la investigación. La gravedad conserva su papel esencial, pero deja de ser la única protagonista. El magnetismo emerge como un mecanismo capaz de influir en el transporte de gas, en la redistribución de materia y, por lo tanto, en la velocidad y la forma con que se constituyó la estrella central.

El hallazgo cambia la imagen clásica del origen solar y lleva el debate a una etapa más temprana

Mano con guante azul que sostiene una roca metálica rugosa sobre una superficie graduada en milímetros dentro de un laboratorio.DOM 08006 fue recuperado en Dominion Range junto a la capa de hielo de la Antártida Oriental, una zona clave para hallar meteoritos primitivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para dimensionar la novedad conviene volver al escenario inicial. Hace 4.600 millones de años, el sistema solar no existía como una familia de mundos definidos. Lo que había era una nube de gas y polvo en colapso. Bajo la acción de la gravedad, ese material empezó a concentrarse y a girar, hasta adoptar la forma de un disco. En el centro de ese disco se acumuló la materia que después dio lugar al Sol. En las regiones periféricas comenzaron a reunirse los componentes que con el tiempo formarían planetas, lunas y otros cuerpos menores.

Ese esquema general se mantiene, pero el estudio propone una imagen más compleja. Si en aquella nebulosa circulaban partículas cargadas en movimiento, el sistema podía generar campos magnéticos de gran intensidad. Esos campos, a su vez, podían influir sobre el plasma y sobre el flujo de gas, favoreciendo el transporte de material hacia la región central. En otras palabras, la formación del sistema solar no dependió solo del colapso gravitatorio: también intervino una dinámica electromagnética.

“Esta transición, de una nube esférica a un disco protoplanetario, es uno de los acontecimientos más importantes de toda la historia del sistema solar”, señaló Benjamin Weiss, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias del MIT. “Durante mucho tiempo se ha teorizado que la gravedad provocó esto, pero nuestras mediciones muestran que el magnetismo probablemente desempeñó un papel”.Representación del sistema planetario TOI-1752 y sus dos exoplanetas: el mundo de lava y el potencialmente habitable. (Alberto Peláez Torres / IAA-CSIC)Los meteoritos conservan materiales que la actividad geológica terrestre destruyó y permiten reconstruir las primeras etapas del sistema solar (Alberto Peláez Torres / IAA-CSIC)

La importancia de esa afirmación reside en el verbo y en el tiempo. No habla del magnetismo en un momento tardío ni en una etapa secundaria, sino en la transición fundacional del sistema. Ese punto marca la diferencia con investigaciones previas. El nuevo trabajo no agrega un matiz sobre procesos ya conocidos: instala una condición física en la fase en que el andamiaje completo del sistema comenzaba a definirse.

El meteorito antártico ofrece, además, una ventaja metodológica difícil de igualar. Los modelos teóricos permiten imaginar qué fuerzas actuaron en la nebulosa solar, pero los registros directos de ese período son escasos. Las CAI presentes en DOM 08006 funcionan como testigos materiales de una época inaccesible por otros medios. Cada una guarda información de un entorno que desapareció hace miles de millones de años. Por eso, una señal magnética atrapada en esos minerales tiene un peso especial en la discusión científica.

Otro aspecto relevante es que el hallazgo no obliga a reemplazar una teoría por otra, sino a revisar el reparto de influencias. La gravedad siguió como motor del colapso, pero el magnetismo aparece ahora como un factor que pudo ordenar flujos, canalizar gas y acelerar procesos de acumulación. En términos más simples, el nuevo estudio plantea que el sistema solar nació en un ambiente donde las fuerzas físicas interactuaron de manera más rica de lo que sugería la versión más tradicional.

También cambia la forma de mirar a los meteoritos primitivos. Estas rocas suelen presentarse como restos del pasado remoto, pero en este caso el meteorito no solo conserva materia antigua: conserva una propiedad física del ambiente donde esa materia se formó. Esa diferencia resulta clave. No se trata únicamente de saber qué elementos químicos existían, sino de reconstruir qué condiciones dominaban el espacio en ese momento.Nuevos análisis de meteoritos permitirán establecer cuánto duró el campo magnético y qué efecto tuvo sobre la distribución de materia solar (REUTERS/Pauline Askin/Archivo/Foto de archivo)Nuevos análisis de meteoritos permitirán establecer cuánto duró el campo magnético y qué efecto tuvo sobre la distribución de materia solar (REUTERS/Pauline Askin/Archivo/Foto de archivo)

La Antártida vuelve a ocupar así un lugar importante en la exploración del pasado cósmico. Sus hielos y superficies rocosas facilitan la localización de meteoritos que en otras regiones pasarían inadvertidos. Entre miles de piezas recuperadas, DOM 08006 se destacó por su carácter primitivo y por la posibilidad de mantener señales intactas desde la infancia del sistema solar. Ese valor no depende del tamaño ni del aspecto del objeto, sino de la información que logró preservar.

A partir de este trabajo, el debate sobre el origen solar gana una base empírica más firme para incluir al magnetismo entre los factores centrales. La idea ya circulaba en el terreno teórico, pero el registro encontrado en este meteorito aporta un anclaje material en una fase muy temprana. Esa es la principal novedad del descubrimiento: no solo muestra que hubo un campo magnético antiguo, sino que lo ubica en el tramo inicial en el que el Sol todavía no terminaba de constituirse y el disco protoplanetario recién comenzaba a organizarse.

En ese sentido, el hallazgo abre una perspectiva más precisa sobre el nacimiento del vecindario cósmico que hoy habitamos. La historia del sistema solar ya no aparece solo como el resultado de una nube que cayó sobre sí misma por efecto de la gravedad, sino también como la de una estructura atravesada por campos magnéticos capaces de guiar el movimiento del gas en sus primeras etapas.

El secreto que guardó este meteorito durante 4.600 millones de años apunta, justamente, a esa fuerza invisible que dejó una marca en la roca mucho antes de que existieran la Tierra, los océanos o cualquier forma de vida

f:Infobae

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