
El Santo Padre recibió con alegría el peregrinaje de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento en Italia, con motivo del cincuentenario de la fundación de la Federación del Espíritu Santo. En su mensaje, destacó la centralidad de la Eucaristía, la oración y la fraternidad como caminos para irradiar al mundo el rostro de Cristo.
Patricia Ynestroza – Ciudad del Vaticano
Con motivo del 50.º aniversario de la fundación de la Federación del Espíritu Santo, León XIV dirigió un saludo a las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, que se encuentran peregrinando por Italia tras las huellas de la beata María Magdalena de la Encarnación. El Pontífice expresó su alegría por encontrarse espiritualmente con las religiosas y con su superiora, la madre Alma Ruth del Espíritu Santo, y presentó su presencia en la Iglesia como “un luminoso testimonio de la gratuidad de Dios”.
Buscar continuamente el rostro de Dios
“Su presencia es un luminoso testimonio de la gratuidad de Dios, que siembra en el corazón humano la inquietud por buscar y contemplar su rostro. Es la respuesta a un anhelo profundo, que expresa con belleza el salmista: «Mi corazón sabe que dijiste: “Busquen mi rostro”. Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí» (Sal 27,8-9).”
León XIV relacionó esta búsqueda con la esencia de la vida monástica y, de manera particular, con la vocación de las Adoratrices Perpetuas, llamada a expresarse mediante una adoración continua y silenciosa ante la Eucaristía. Para las religiosas, explicó el Santo Padre, esta vocación adquiere un significado profundamente eucarístico: Dios se ha hecho pan y llama a los creyentes a unirse a Él en el sacrificio del altar para formar un solo cuerpo.
En este contexto, el Papa recordó la necesidad de cultivar una “espiritualidad eucarística”, entendida también como una espiritualidad de la unidad de la Iglesia en el amor. Se guidamente el Papa les recordó las palabras de san Agustín a los nuevos cristianos de su Iglesia, el pan y el vino sobre el altar son el sacramento de la unidad de los fieles en Cristo.
“Por eso, se necesita «una espiritualidad eucarística, es decir, una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor»”
Una vocación al servicio de la comunión
Uno de los aspectos centrales del mensaje es la llamada a las Adoratrices a convertirse en “tejedoras de comunión”. León XIV explicó que esta misión se realiza mediante una vida en la que se entrelazan “los hilos de la oración y el trabajo, de la adoración eucarística y el compartir fraterno en el monasterio”.
De este modo, la vida contemplativa no aparece como una realidad aislada, sino como un servicio a toda la Iglesia. La adoración silenciosa, la vida comunitaria y el trabajo cotidiano se convierten en una forma concreta de construir comunión y de dar testimonio del Evangelio.
El Papa invitó a las religiosas a renovar su vocación durante su peregrinación por la Ciudad Eterna y por los lugares vinculados al origen de la Orden. Este tiempo, señaló, puede convertirse en una oportunidad de gracia para fortalecer su misión y seguir irradiando la belleza del rostro de Cristo Sacramentado.
“Que el testimonio de la beata María Magdalena de la Encarnación las impulse a seguir viviendo su consagración con renovada esperanza y deseos de santidad, recordando que la fidelidad a la antigua y siempre nueva sabiduría del Evangelio es el mejor camino para quienes, guiadas por el Espíritu Santo, se dedican a amar a Dios y al prójimo.”





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