El Gobierno consiguió aire en el Senado, pero la caída del PBI y la suba del desempleo golpean el relato libertario. La obsesión por los indicadores choca con los números incómodos, mientras crecen las tensiones internas y se mueve la oposición.

La línea que divide lo político de lo económico suele ser demasiado delgada. ¿La suba del desempleo es un problema político o económico? ¿Se puede escindir la suma o la resta de aliados parlamentarios de la salud de la economía? Las variables se cruzan, dialogan y terminan por configurar un mapa único.
Máxime cuando el Gobierno ató buena parte de su éxito político a que determinadas planillas cierren en verde. El proyecto de La Libertad Avanza es, ante todo, una serie de objetivos económicos. El mismísimo Presidente, que soslaya y delega la política, tardó en entender que muchas veces ambas cuestiones van de la mano.
Por lo pronto, si el ámbito de la política por excelencia es el Congreso, el Gobierno encontró esta semana un respiro con una doble victoria en el Senado: la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal II y la media sanción de la Ley de Biocombustibles, una iniciativa propia que eleva los cortes de biodiésel y bioetanol y recoge un viejo reclamo de las provincias.
Pero las planillas mostraron otra realidad. La caída del PBI en el segundo trimestre y la suba del desempleo encendieron luces de alarma y chocaron contra el empecinamiento presidencial por presentar las bondades del modelo a fuerza de estadísticas.
Milei suele repetir ante los propios, también en las reuniones de Gabinete, que todo marcha acorde al plan. Las supuestas tensiones económicas, sostiene, no sólo no existen sino que son amplificadas sin fundamento por los medios. En Casa Rosada incluso dedica largas explicaciones a sus funcionarios sobre cómo responderles a los periodistas. Una suerte de media coach presidencial que algunos ministros escuchan con sorpresa.
“Datos, respondan con datos”, es una de sus máximas. El problema aparece cuando los datos son malos y ni siquiera la interpretación más benévola alcanza para acomodarlos.
Cuando la planilla manda
Hay una vieja teoría de las ciencias sociales que acaso sirva para explicar parte del dilema. Es la ley de Campbell, formulada por el psicólogo estadounidense Donald Campbell: cuanto más se utiliza un indicador cuantitativo para tomar decisiones, mayor es la presión para distorsionarlo y más probable es que termine corrompiendo el proceso que pretendía medir.
Dicho de otro modo: cuando la gestión se ordena alrededor de una planilla, existe el riesgo de que la planilla termine sustituyendo a la realidad. No porque los números sean falsos, sino porque el cumplimiento de determinados indicadores puede convertirse en un objetivo en sí mismo y perder de vista aquello que originalmente buscaban representar.
Algo de eso atraviesa al Gobierno. Milei convirtió el equilibrio fiscal, la inflación, el riesgo país, las reservas y el crecimiento en parámetros centrales para evaluar su administración. La dificultad aparece cuando esos indicadores no avanzan en la misma dirección. O cuando detrás de una cifra positiva asoman otras que complican el cuadro.
El descenso del PBI se explica, principalmente, por la baja del consumo; baja que el propio Milei niega con posteos y reposteos de shoppings llenos, imágenes a las que en algún caso se les notaron las costuras de la inteligencia artificial. Lo propio hacen algunos de sus ministros, en busca del condescendiente retuit presidencial ante cada gesto de obsecuencia.
Mercado de San Telmo…
Parece que el consumo vive la depresión más loca de la historia…
CIAO! pic.twitter.com/XBAb8ZefCl — Javier Milei (@JMilei) September 19, 2026
El desempleo, en tanto, volvió a niveles que obligan a remontarse hasta 2021, todavía en pandemia, para encontrar guarismos superiores al 7,9%. El dato se encadena con otro conocido una semana antes: la industria sufrió su peor caída en 16 meses. Todo lo mencionado son datos oficiales.
Así, la ley de Campbell empieza a sobrevolar la gestión libertaria. El Gobierno alardea de la creación de puestos de trabajo, aunque el desglose muestra el peso creciente de la informalidad frente al empleo asalariado registrado. El consumo “vuela”, pero parte de ese movimiento responde al gasto en tarifas y transporte, mientras otros rubros muestran retrocesos. El consumo de carne cayó más de 9% en agosto, por citar apenas un ejemplo.
La necesidad de exhibir resultados numéricos positivos termina por construir un sistema repleto de asteriscos, por momentos alejado de la realidad, que termina degradando el objetivo inicial.
F:ambito





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