Fábrica de toallas Franco Valente redujo su producción y sus dueños se bajaron el sueldo

La fábrica de toallas puede producir 200 toneladas mensuales, pero la caída del consumo redujo su actividad prácticamente a la mitad

En los últimos años, la fábrica de toallas Franco Valente renovó por completo sus dos plantas textiles de San Martín e invirtió cerca de 3 millones de dólares para llevar su capacidad de producción hasta las 200 toneladas de toallas por mes. La pyme argentina, fundada hace 35 años, llegó a utilizar casi todo ese potencial. Sin embargo, hoy fabrica entre 90 y 100 toneladas mensuales, redujo su personal y sus tres socios fundadores se bajaron el sueldo un 60%. Pero la empresa no tira la toalla; analiza complementar su producción con artículos importados si las ventas no se recuperan.

«Cambiamos la fábrica de punta a punta. No quedó ni una máquina vieja», cuenta Adolfo Setton, uno de los tres socios fundadores a iProfesional. Los nuevos equipos comenzaron a llegar entre 2021 y 2022, mientras que la planta modernizada entró en funcionamiento entre 2023 y 2024.

La reconversión fue financiada con las ganancias acumuladas durante años de trabajo y créditos bancarios, según detalló Setton. La empresa ya terminó de pagar la inversión. Incorporó telares de chorro de aire y maquinaria italiana, alemana y belga para teñido, terminación, corte y costura automática.

Una de las máquinas cose hasta 800 toallones por hora con dos personas. Reemplazó una tarea que, durante los primeros años, requería alrededor de 25 costureras. Los nuevos telares tienen 3,60 metros de ancho, trabajan a unas 650 pasadas por minuto y permiten producir simultáneamente cuatro toallones o seis toallas.

«Soy un apasionado de la maquinaria textil y bastante obsesivo al elegirla. A veces pagás más caro, pero te termina saliendo más barato porque la máquina produce mejor. Hoy Franco Valente tiene, para mí, la fábrica de toallas más moderna de la Argentina», afirma Setton.

Con la planta renovada, la empresa llegó a fabricar casi 200 toneladas mensuales y a emplear a 138 personas. La crisis de la industria textil argentina tambipen golpeó a Franco Valente. Según Setton, disminuyó el consumo, la producción cayó prácticamente a la mitad y la empresa debió reducir su dotación hasta quedar con cerca de 80 trabajadores.

«Fue muy doloroso. Despedí a una mujer que trabajaba en la administración y terminamos llorando los dos. Teníamos un grupo de empleados muy buenos, pero no nos quedó otra opción«, explica.

Planta Franco Valente con sus máquinas nuevas (Gentileza Franco Valente)

La fábrica puede producir 200 toneladas de toallas al mes, pero actualmente trabaja casi a la mitad

Franco Valente atravesó siete meses con pérdidas antes de conseguir nuevamente el equilibrio operativo, según explicó el empresario. Los socios también redujeron un 60% sus retiros personales. «Si antes retirábamos 1.000 pesos, ahora retiramos 400. Es parte del paquete de medidas que tomamos para sobrevivir», señala.

Cuando la compañía comenzó a producir, cuenta Setton, el hilado representaba alrededor del 47% del costo de una toalla. «Hoy reprensenta menos del 25%. El resto se reparte entre salarios, cargas sociales, energía, servicios e impuestos», asegura.

Los salario de los empleado de la empresa arrancan de los $2 millones con las cargas sociales incluidas, de acuerdo con el cálculo brindado por Setton. Al mismo tiempo, reconoce que el ingreso que recibe ese trabajador resulta insuficiente frente al costo de vida. «Hay algo que falla. A nosotros nos cuesta pagar los sueldos y, al mismo tiempo, a los empleados no les alcanza para vivir. No soy economista; solo entiendo de fabricar. Pero esa cuenta muestra que hay algo que está mal», plantea.

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Adolfo y David Setton, que son hermanos, y José Ini tenían Bordados Europeos, un taller que llegó a trabajar las 24 horas, de domingo a domingo, con más de 30 empleados distribuidos en tres turnos. Recibían prendas de otras fábricas y bordaban escudos, marcas y diseños por encargo.

Sin embargo, la apertura económica de los años noventa les hizo perder clientes. Frente a la necesidad de mantener al personal, Adolfo viajó a Brasil, compró toallas y comenzó a bordarlas en el taller. Una parte de las máquinas siguió trabajando para terceros y otra quedó destinada a los productos propios.

«Lo que hacíamos, lo vendíamos. Preparábamos mil unidades y siempre nos quedaban entregas pendientes. El negocio creció tanto que decidimos montar nuestra propia fábrica de toallas», relata.

José Ini y Adolfo Setton posando con una estantería llena de productos de la empresa

Los tres socios de Franco Valente se redujeron el sueldo un 60% para contribuir a sostener la firma (Gentileza Franco Valente)

La nueva empresa tomó forma durante un viaje de los tres amigos a Italia. Allí surgieron el nombre Franco Valente y la idea de trasladar el concepto de la moda al universo de la blanquería. La premisa con la que comenzaron fue «convertir la moda en toallas».

En 1991 abrieron la primera planta en San Martín con una cartera de 90 clientes. Obtuvieron un crédito del Banco Provincia por u$s500.000 y comenzaron a producir unas 30 toneladas por mes. La fábrica inicial llegó a tener alrededor de 50 empleados.

Hoy Franco Valente compra el hilado a dos proveedores argentinos y controla el proceso desde que la materia prima entra en la planta hasta que la toalla queda embalada. «Utilizamos algodón de fibra larga y una torsión más abierta, que deja el hilo esponjoso y permite que absorba mejor», describe el empresario.

«Decidimos mejorar el hilo justo cuando todos buscan bajar costos. Puede parecer que voy a contramano, pero nos defendemos con calidad. Antes compraba hilado barato y terminaba saliéndome caro porque complicaba el tejido, el teñido y hasta la costura. Nuestras toallas son de puro algodón«, explica Setton.

La firma produce toallas de 400, 500 y 600 gramos, además de toallones, batas, turbantes, repasadores y artículos bordados. Setton adelantó que hay otros desarrollos en preparación, aunque prefirió no dar detalles hasta que lleguen al mercado. Cuenta con dos plantas industriales en San Martín que reúnen unos 5.000 metros cuadrados destinados a la producción. La firma también cuenta con un espacio de 2.000 metros cuadrados en Barracas, donde funcionan el depósito, la administración, las ventas, las cobranzas y la distribución.

Según los registros de la empresa, Franco Valente tiene 832 clientes activos. Su cartera incluye distribuidores, revendedores, blanquerías, hoteles, comercios y compañías que encargan productos bordados para acciones de merchandising. Opera con un modelo mayorista y minorista, y también vende a través de su tienda online.

Pila de toallas Franco Valente (Gentileza Franco Valente)

La empresa reúne 832 clientes activos, entre distribuidores, hoteles, comercios y grandes compañías (Gentileza Franco Valente)

Hoy la compañía no exporta. Setton considera que el costo argentino le impide competir con productores de Brasil, que cuentan con mejores condiciones para vender en el exterior. También sostiene que los impuestos y el costo operativo afectan la competitividad de la industria textil, un sector que necesita grandes volúmenes para sostenerse.

El crecimiento de las importaciones textiles obliga ahora a la empresa a revisar su estrategia. Setton asegura que preferiría volver a utilizar toda la capacidad de la fábrica, aunque no descarta complementar la producción nacional con mercadería de India o Pakistán.

«Si tengo que elegir entre importar o aumentar la producción porque volvieron las ventas, me quedo toda la vida con fabricar. No me gustaría recurrir al producto importado, pero hay que sobrevivir. Si lo hacemos, será de a poco y con artículos de buena calidad», afirma.

La compañía observará durante los próximos seis meses cómo se comportan el consumo y los pedidos. Recién entonces decidirá si avanza con una primera operación.

La fábrica despertó el interés de dos posibles compradores, aunque Setton prefiere no revelar sus nombres ni cuánto dinero estaban dispuestos a ofrecer. Los socios resolvieron rechazarlas. «Amamos lo que hacemos y no queremos desprendernos de la empresa. Yo tengo 73 años, pero sigo dedicado por completo a la fabricación. Quiero que podamos vender toda nuestra producción y aprovechar al máximo la planta que construimos», afirma.

F:IProfesional

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