EVANGELIO DEL DÍA🌾
Lucas 9, 18-22
Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»
Palabra del Señor
🌾 MEDITACION DEL EVANGELIO🌾
Lc 9, 18-22: La identidad
- Pregunta: Hay momentos en los que la ansiedad nos golpea y muy fuerte. Hay días que uno pasa sin dormir y no le encuentra el punto de lo que le pasa o del por qué le pasa eso, o siente una depresión tremenda. Uno colapsa y solo puede llorar, pero no hay algo que lo acabe. Sumado a que cuando esto lo planteas a la gente de la iglesia incluso no te entienden y hasta te dicen: “Reza un rosario” o “Anda a misa y se te va a pasar”. ¡No! Hay dolores que se deben transitarl, cuestiones que uno debe pasar. La biblia es para animar y no para dar respuesta a todo. La Eucaristía es para acompañar y fortalecer la vida, es un acompañar, es un caminar. No hay nada peor que nos tiren versículos bíblicos cuando estamos heridos. Tenemos hasta la tendencia a dar consejos cuando no nos están pidiendo y a veces lo que necesitamos es un simple abrazo o que nos escuchen. Hay dolores que no merecen soluciones rápidas. Los cristianos tenemos tendencia a querer “arreglar” a los que sufren. Hasta creemos que el sufrimiento es una temporada de venganza o de vergüenza, ¿por qué no podemos estar tristes?, si hasta Jesús pasó tristeza antes de la muerte. Qué difícil es tener amigos honestos sin temor a ser prejuzgados. A veces pensamos que los cristianos y los curas no podemos expresar nuestras emociones y hasta nos hace falta una teología de la adversidad, porque se nos ha educado en que, si rezamos positivamente, nos van a pasar cosas positivas, y si no vamos a misa o no rezamos solamente nos van a pasar cosas malas. Creo que esa no es la identidad del cristiano, porque la vida no siempre es positiva.
- Respondieron: Nietzsche decía algo como: “No hay hechos, hay interpretaciones”. Sobre esto hay una película muy buena que se llama “Loca de amor”, bastante viejita. En una misma película aparece una situación contada dos veces. Del minuto 0 al minuto 45 uno ve una película y es la versión subjetiva de ella, del 46 al 90 ves la versión subjetiva de él. Todo con los mismos momentos (no quiero ser tan descriptivo para que la veas). Cuando uno la ve se da cuenta de que para ella significaba una cosa lo vivido y, para él, otra. Los actos y las palabras siempre van a generar malos entendidos, todo el tiempo. Cuántas veces decimos “Yo no quise decir eso”. Las emociones realmente profundas nos convocan todo el tiempo a poner sobre la mesa si interpretamos el cómo como lo que ocurrió o lo que el otro quiso hacer ocurrir; el juicio es rápido y “cierra”. En cambio, en la pregunta del por qué lo hizo y lo que puede estar detrás de eso, “abre” y cuando uno abre su mundo y abre la posibilidad de entender por qué hace lo que hace (por qué se mete en ese problema o por qué se enamora de esta persona), empieza a entender un poco más.
- Sufrir: El dolor es parte de la vida, pero es el gran docente. Yo te confieso que aprendí más de mis tiempos de dolores que de los tiempos de gracia. El dolor es una cosa y el sufrimiento es otro. El dolor es momentáneo, mientras que el sufrimiento es eterno; porque el dolor lo puedo asumir y saberlo llevar, mientras que el sufrimiento es lo que alimento en mi cabeza y en mi andar. Por eso, hoy aprende a sacar enseñanzas del dolor y a saber que el sufrir es parte de una oportunidad, pero no lo podés convertir en eternidad. Algo bueno está por venir.





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