IAdicción en la salud: los argentinos que consultan al ChatGPT antes que al médico

Síntomas en el chat, trastornos sin diagnóstico y ansiedad que crece con cada respuesta. ¿Cuándo la IA deja de ayudar y se convierte en el obstáculo?

Aparece un síntoma. Una molestia en el pecho, una semana sin apetito, un patrón de conducta que algo en el cuerpo registra pero no sabe nombrar. Y antes de llamar al médico -a veces en lugar de llamarlo- la primera consulta es al chat de Inteligencia Artificial. No es una decisión consciente de reemplazar la atención médica. Es un reflejo. Una especie de IAdicción.

Rápido, gratuito, disponible a las tres de la mañana. El problema no está en que la consulta exista. Está en lo que pasa después: cuando el algoritmo responde, y esa respuesta alcanza. Tres especialistas -un cirujano cardiovascular, una médica nutricionista y un psicólogo cognitivo- describen a iProfesional exactamente qué se pierde en esa transacción.

Por qué los argentinos consultan a la IA antes de ir al médico

Matías Sánchez Sanda, del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, identifica al menos tres razones distintas para el mismo comportamiento. La primera son las barreras de acceso: económicas, de distancia, de tiempos de espera que se estiran semanas. La segunda es una sobreestimación de lo que la IA puede hacer: creer que el chat puede evaluar una situación de salud sin examinar a la persona, sin historial clínico, sin contexto.

La tercera razón es cultural: vivimos en una lógica del todo ya, donde la respuesta inmediata se vuelve más atractiva que la respuesta precisa. Pero Sánchez Sanda distingue un cuarto caso que quizás es el más extendido: el que consulta la IA además del médico, como método de reaseguro. No para reemplazar la atención profesional, sino para buscar una confirmación inmediata que alivie la preocupación. Una conducta que parece razonable, pero que en ciertos perfiles termina alimentando exactamente lo que busca calmar.

Qué riesgos tiene autodiagnosticarse un problema cardiovascular con IA

El Dr. Fernando Cichero, cirujano cardiovascular y presidente del Instituto de Trasplante de la Ciudad de Buenos Aires, señala un matiz que vale la pena registrar: los pacientes no llegan al consultorio diciendo que consultaron a la IA. Lo que sí aumentó son las búsquedas previas en internet sobre síntomas. La IA ya entró al proceso de atención médica, pero de forma silenciosa: sin que el paciente lo nombre, sin que el médico lo sepa.

En el caso de síntomas cardiovasculares, un autodiagnóstico equivocado puede derivar en tres situaciones. Si la persona se automedica, puede empeorar el cuadro. Si decide no medicarse, puede dejar que evolucione hacia una crisis. Y esa crisis puede ser fatal o dejar secuelas permanentes.

El problema de fondo, explica Cichero, es que el chat no puede hacer semiología. Es un algoritmo que no tiene sensibilidad clínica ni ojo clínico: puede procesar síntomas relatados, pero no puede palpar, auscultar ni percibir lo que un médico detecta en el encuentro físico con el paciente. «Si tenés síntomas, nunca consultes al chat», resume. «No puede revisarte.»

¿Puede la IA detectar un trastorno alimentario?: lo que el algoritmo no ve

Dra. Mónica Katz, médica especialista en nutrición, reconoce que hay un aspecto positivo en el uso de la IA para consultar síntomas: el algoritmo está programado para identificar señales de alarma y las va a señalar. Ante el relato de un paciente sobre malestar corporal, incomodidad con la comida o sensaciones físicas, la IA va a lanzar alertas. En ese sentido, puede funcionar como disparador de una consulta que de otro modo no ocurriría.

Pero ahí termina lo positivo. El problema central es la complacencia: la IA está programada para no incomodar, para ser cuidadosa con el usuario. Y eso significa que no va a decir lo que diría un profesional.

Katz pone un ejemplo concreto. Los trastornos alimentarios atípicos -trastornos por atracón, TANE, cuadros no especificados- son hoy los más frecuentes, pero los menos diagnosticados. Y hay uno que el algoritmo difícilmente va a nombrar: la persona que come mucho y sale a correr, que va al gimnasio a cualquier hora, que no puede irse a dormir si antes no quema lo que comió, real o percibido. Ese patrón es bulimia. «Y nadie lo dice», advierte Katz. La IA, entrenada para ser complaciente, tampoco.

¿Cuándo el chequeo de síntomas con IA se convierte en un problema de salud mental?

Para personas con un perfil de mayor preocupación por la salud, el uso de la IA como reaseguro puede reforzar exactamente lo que busca calmar. Sánchez Sanda explica el mecanismo: la ansiedad ante los síntomas es, en su núcleo, una dificultad para tolerar la incertidumbre. Consultar la IA da una sensación momentánea de control. Pero esa sensación no resuelve la intolerancia a la incertidumbre: la sostiene.

A largo plazo, el chequeo constante mantiene la ansiedad en lugar de reducirla y puede reforzar la rumiación sobre la propia salud. En algunos casos, además, opera en contra de la consulta médica: la persona se queda con la respuesta del chat y no llega al profesional que podría diagnosticarla.

El riesgo no es solo individual. Si el hábito de reemplazar la consulta médica por una respuesta del chat se vuelve masivo, el impacto es de salud pública: casos simples que, al no ser diagnosticados a tiempo, llegan a hospitales en estadios más complejos, con peor pronóstico y mayor demanda de recursos del sistema.

La IA llegó a la medicina por las mismas puertas que llegó al trabajo: con comodidad, velocidad y disponibilidad permanente. Y como en el trabajo, el problema no es que esté ahí. Es qué pasa cuando reemplaza algo que no puede reemplazar.

El chat puede dar alertas. No puede auscultar. Puede procesar síntomas. No puede leer lo que un médico lee en el cuerpo de su paciente. Puede dar una sensación momentánea de calma. No puede tolerar la incertidumbre por vos —y al intentarlo, la prolonga.

Cichero lo dice desde la cirugía cardiovascular. Katz lo dice desde la nutrición. Sánchez Sanda lo dice desde la psicoterapia cognitiva. Los tres llegan al mismo punto: «La interfase humana es irremplazable.» El algoritmo no tiene ojo clínico. No puede revisarte. Y lo que no puede revisar, no lo puede diagnosticar.

F:IProfesional

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