Argentinos están cada vez más atrasados en el pago de servicios y hasta con ARCA

El 46% de los hogares mantiene saldos impagos con distintos servicios privados. Desde facturas de luz a agua y las cuotas de los colegios

Puntos importantes

Checkbox CheckedLa morosidad se generalizó más allá de bancos.

Checkbox CheckedServicios e impuestos lideran los impagos actuales.

Checkbox CheckedEl crédito se usa para consumo diario y comer.

El menor poder de fuego de los bolsillos y de los presupuestos familiares está impactando en el cumplimiento de las obligaciones de los deudores.

Ya se sabe: la morosidad creció sistemáticamente a la hora de hablar de las deudas de los deudores con bancos y financieras. También de aquellas personas que tomaron dinero en las fintech o que compraron electrodomésticos en cuotas.

La ola fue generalizada. Pero la verdad es que los problemas no fueron excluyentes en estos segmentos.

Hay una problemática que se va extendiendo: el atraso en los pagos de los servicios privados. Y también en el pago de los impuestos.

Panorama complicado: la mora no se limita a las tarjetas y los préstamos

Hay algo cierto: la morosidad de las familias ya no se limita a las tarjetas de crédito y los préstamos personales.

Una encuesta nacional realizada por la consultora Casa Tres, dirigida por Mora Jozami, reveló que el 54% de los argentinos dejó de pagar o se atrasó en alguna obligación por motivos económicos.

Los servicios privados encabezan el ranking de incumplimientos. Además, seis de cada diez recurrieron al financiamiento y una parte importante lo hizo para comprar alimentos o llegar a fin de mes.

El dato más llamativo aparece al analizar cuáles son las cuentas que los argentinos dejan de pagar cuando el dinero no alcanza.

Los servicios encabezan el ranking de las deudas impagas

El ranking de deudas impagas, según un informe de Casa Tres

El ranking de deudas impagas, según un informe de Casa Tres

Contrariamente a lo que podría suponerse a partir de las estadísticas bancarias, los servicios públicos y privados aparecen en el primer lugar del ranking de incumplimientos.

Entre quienes reconocieron haberse atrasado, el 46% mencionó facturas de servicios, como las facturas de electricidad, gas, agua, Internet o telefonía.

Recién en segundo lugar aparecen las tarjetas de crédito, con el 36%, seguidas por los préstamos o deudas, con el 33%.

El relevamiento también muestra que el 21% se atrasó con el pago de los impuestos y el 18% con compromisos de pago «informales», muy probablemente a financieras o «cuevas».

Más atrás figuran los alquileres y las cuotas escolares, universitarias o de otras actividades educativas, ambos con el 12%.

Las obligaciones sociales o personales -un renglón que incluye a los préstamos entre amigos o intrafamiliares-. representan el 9%, las expensas el 6% y otros compromisos el 2%.

El ranking expone una realidad preocupante: las dificultades de pago ya no se concentran exclusivamente en el sistema financiero. Alcanzan incluso a los gastos relacionados directamente con el funcionamiento cotidiano de los hogares.

En el caso de los impuestos, los atrasos pueden involucrar obligaciones frente a distintos organismos, incluida ARCA, aunque la encuesta no permite identificar qué proporción corresponde específicamente al organismo nacional.

La situación también muestra que, frente a ingresos insuficientes, las familias deben administrar vencimientos y decidir qué cuentas pueden afrontar y cuáles se patean para adelante.

Seis de cada diez argentinos tuvieron que financiar sus gastos

El problema adquiere otra dimensión cuando se analiza la utilización del crédito. Según la misma encuesta, el 58% de los argentinos respondió que él o algún integrante de su hogar tomó un préstamo, utilizó crédito o financió gastos durante los últimos meses.

La proporción aumenta al 63% entre las mujeres y alcanza el 65% en los sectores de menores ingresos.

Sin embargo, lo más revelador no es solamente cuántas personas se endeudaron, sino para qué utilizaron ese financiamiento.

El 26% destinó principalmente el crédito a comprar alimentos, mientras que otro 21% lo utilizó para afrontar gastos cotidianos del hogar.

A su vez, el 15% recurrió al financiamiento para pagar servicios, impuestos u otras obligaciones y el 14% para cancelar deudas anteriores.

Esto significa que el 76% de quienes recurrieron al crédito lo destinaron principalmente a alguna de esas cuatro finalidades.

El trabajo refleja un cambio importante en la relación de las familias con el financiamiento. Para una parte considerable de los hogares, endeudarse ya no significa necesariamente adquirir un electrodoméstico, realizar una refacción o comprar un bien durable. Se convirtió en una herramienta para sostener el consumo cotidiano.

También aparece otro fenómeno: la utilización de nuevos créditos para cancelar compromisos anteriores. Una práctica que puede aliviar transitoriamente el presupuesto, pero que también puede prolongar los problemas cuando los ingresos siguen siendo insuficientes.

Expectativas a la hora de saldar las deudas

El panorama se completa con las expectativas de quienes tienen compromisos pendientes.

Ante la pregunta sobre si creen que podrán saldar sus deudas, apenas el 34% respondió afirmativamente, según el cuadro que pinta la encuesta de Casa Tres. Otro 37% considera que no podrá hacerlo y el 26% no sabe.

En otras palabras, solamente alrededor de uno de cada tres deudores manifiesta confianza en su capacidad para cancelar sus obligaciones.

La combinación de financiamiento para gastos esenciales, atrasos en servicios e impuestos y expectativas negativas sobre la posibilidad de pagar configura un escenario delicado para el presupuesto familiar.

La investigación de campo también destaca que, para los encuestados, la baja de la inflación puede mejorar la previsibilidad económica, pero no necesariamente alcanza para recuperar la capacidad de pago cuando los ingresos disponibles resultan insuficientes.

El problema, además, tiene consecuencias sobre el consumo: las familias que acumulan compromisos pendientes cuentan con menos margen para realizar nuevas compras.

La señal de alerta ya no está únicamente en los balances de los bancos. También aparece en las facturas de luz, gas, Internet, los impuestos y las obligaciones que se acumulan en los hogares.

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