Algunas cadenas pasaron de expandirse con sucursales y franquicias a presentarse en concurso de acreedores. Qué revelan balances y expedientes
Puntos importantes
El consumo y costos altos hunden cadenas de panaderías y cafeterías.
Le Blé entró en concurso, Pan Danés cerró, y Ninina acumula deudas.
Clientes gastan menos, forzando a revisar estructuras y costos del sector.
La caída del consumo y el aumento de los costos empiezan a dejar consecuencias concretas entre las cadenas de panaderías y cafeterías, un negocio que durante años creció de la mano de nuevas sucursales y franquicias. Le Blé entró en concurso preventivo después de cerrar la mayoría de sus locales y reducir drásticamente su personal. Pan Danés fue todavía más lejos: bajó las persianas de todas sus sucursales y pidió su propia quiebra, aunque la Justicia rechazó la solicitud. A estos casos se suma Ninina Bakery, que sigue operando pero acumula cheques rechazados y reclamos judiciales por sus deudas. Aunque las tres empresas atraviesan situaciones diferentes, sus dificultades ponen el foco sobre un sector en el que los clientes compran menos, controlan cada vez más sus gastos y obligan a los negocios a revisar sus estructuras para sostener la actividad.
Los números que manejan los empresarios confirman que el escenario se volvió más complicado. Carlos Rava, presidente de la Cámara de Confiterías de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC), aseguró a iProfesional que durante la primera quincena de octubre la cantidad de tickets cayó entre un 10% y un 12% respecto del mismo período del año pasado. Las ventas por el Día de la Madre permitieron recuperar parte de lo perdido, aunque sin revertir las dificultades que enfrenta la actividad.
«Estuve bastante asustado los primeros 15 días de octubre porque realmente el consumo había bajado bastante», reconoció Rava. Según explicó, el problema no es solamente que ingresan menos clientes, sino que quienes siguen comprando establecen límites cada vez más estrictos a sus gastos. Como ejemplo, señaló que un ticket promedio que el año pasado rondaba los $20.000 hoy se ubica cerca de $22.000, cuando para acompañar la inflación debería alcanzar aproximadamente los $26.000.
La situación coincide con un cambio más amplio en el comportamiento del consumo. Según la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), en agosto de 2026 su Indicador de Consumo registró una caída interanual del 1,1% y una baja desestacionalizada del 0,8% frente a julio. En el acumulado del año, el retroceso alcanzó el 0,4%. Sin embargo, el deterioro no afecta de la misma manera a todos los sectores ni explica por sí solo las dificultades de cada empresa.
Pan Danés
De Le Blé a Pan Danés y Ninina: las deudas detrás de la crisis
Uno de los casos más importantes es el de Le Blé, la cadena fundada en 2008 por Pablo Petrelli y Donatienne Fievet, que llegó a desarrollar una red de 41 establecimientos entre propios y franquiciados. La sociedad que opera la marca, Be Larch S.A., ingresó en concurso preventivo con un pasivo declarado de $1.566,8 millones y 76 acreedores, después de varios meses de dificultades financieras, cierres de sucursales y reclamos de proveedores.
En su presentación ante la Justicia, la compañía reconoció que su situación económica comenzó a deteriorarse durante 2024 y 2025. Según explicó, la caída del consumo y la pérdida de franquicias que representaban una parte importante de su facturación dejaron a Le Blé con una estructura administrativa, comercial y productiva demasiado grande para el volumen de actividad que conservaba. A eso se sumaron los mayores costos laborales y operativos, además de las dificultades para acceder al crédito.
Antes de recurrir al concurso, Le Blé intentó renegociar deudas con proveedores, reprogramar vencimientos, cerrar establecimientos deficitarios y reducir gastos. Pero las medidas no alcanzaron. La facturación pasó de $3.079,1 millones en 2024 a $2.577,8 millones en 2025, mientras que la compañía cerró ese último ejercicio con una pérdida de $214,3 millones, frente a una ganancia de $177,6 millones del año anterior.
Pan Danés atravesó una situación todavía más grave. La cadena fundada por la empresaria danesa Lise Lundme Funch, que llegó a contar con alrededor de 25 sucursales, se presentó en concurso preventivo con deudas por $1.218,9 millones. Sin embargo, el intento de reorganización no logró sostener la actividad y el 2 de octubre cerró definitivamente todos sus locales.
Ese mismo día, la empresa solicitó su propia quiebra. En el escrito presentado ante la Justicia, reconoció que el consumo había caído más del 50% respecto de su volumen histórico y describió un escenario de deterioro de la actividad panadera que ya no le permitía afrontar sus compromisos.
La compañía explicó que durante sus años de expansión había realizado inversiones importantes en infraestructura. Entre ellas, una planta de producción de 1.778 metros cuadrados inaugurada en Barracas en 2022, diseñada para abastecer hasta 50 locales. Pero, a medida que comenzaron a cerrar sucursales, esa capacidad productiva quedó sobredimensionada y se convirtió en una carga difícil de sostener.
A la menor facturación se sumaron los aumentos de la harina, la energía, los salarios y los alquileres. Según argumentó Pan Danés, trasladar esos incrementos a los precios podía profundizar la caída de las ventas, mientras que absorberlos deterioraba sus márgenes. La compañía intentó renegociar alquileres, cambiar proveedores, ampliar su oferta comercial y cerrar sucursales deficitarias, pero ninguna de esas medidas alcanzó para recuperar el equilibrio económico.
Le Blé
La situación terminó afectando a unos 120 trabajadores, que fueron informados del cierre de los establecimientos mediante mensajes enviados durante la madrugada del 2 de octubre. Aunque la compañía solicitó su quiebra, la Justicia rechazó el pedido y dispuso la apertura del procedimiento de salvataje, una instancia que permite buscar interesados en alcanzar un acuerdo con los acreedores antes de avanzar hacia la liquidación.
El tercer caso es el de Ninina Bakery, cuya situación es diferente porque continúa funcionando y no se encuentra en concurso preventivo. La cadena mantiene cuatro locales, dos en Palermo, uno en Las Cañitas y otro en Unicenter, pero enfrenta dificultades financieras que comenzaron a trasladarse a los tribunales.
Según los registros relevados, la empresa acumuló 103 cheques rechazados por $116,67 millones, de los cuales 73 permanecían pendientes de cancelación por aproximadamente $83,9 millones. Además, a agosto de 2026 registraba una deuda bancaria de $195,65 millones, con Banco Credicoop como principal acreedor financiero.
A esos compromisos se sumaron ejecuciones judiciales iniciadas por la entidad bancaria y reclamos de ARCA vinculados con obligaciones de la seguridad social. A diferencia de las otras dos cadenas, Ninina no presentó una explicación pública equivalente que permita determinar las causas específicas de sus problemas financieros.
Los tres casos muestran distintos grados de deterioro, pero también un problema que se repite especialmente en las cadenas que crecieron mediante nuevas sucursales: cuando las ventas retroceden, sostener los costos fijos de una estructura comercial y productiva amplia se vuelve cada vez más difícil.
Menos clientes, nuevos hábitos y costos que no dejan de subir
Para Rava, las dificultades de las panaderías y las confiterías tienen puntos en común, aunque se trata de negocios diferentes. En las primeras, a la caída de las ventas se suma un cambio en los hábitos de consumo, especialmente en la compra de productos elaborados con harinas y masas.
Esa transformación también se observa en las pastelerías tradicionales, donde los clientes no necesariamente dejaron de comprar, pero sí redujeron las cantidades. Rava lo ejemplificó con lo que ocurre en Nucha, la cadena en la que trabaja desde 2007. «Al principio, los fines de semana venían y se llevaban dos o tres tortas. Ahora calculan cuánto va a ser el consumo de cada uno y se llevan porciones, alfajores o cuadrados en lugar de tortas», señaló.
Ninina Bakery
El problema es que esa reducción del gasto coincide con una estructura de costos que sigue siendo elevada. Según el dirigente, durante 2025 y 2026 comenzaron a vencer contratos de alquiler que habían sido prorrogados durante la pandemia, lo que obligó a muchos establecimientos a renegociar condiciones en un momento de menor actividad.
Frente a ese escenario, los empresarios buscan alternativas para sostener las ventas. «Cada peso que sale, sale con lupa», resumió Rava. Las promociones, las acciones de marketing y las ventas por internet aparecen entre las herramientas para atraer clientes, aunque el dirigente remarcó que las confiterías tradicionales buscan preservar la calidad de sus productos.
La situación también debe analizarse dentro de un cambio más amplio en el comportamiento del consumo argentino. Matías Bolis Wilson, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), explicó a iProfesional que las decisiones de gasto de las familias comenzaron a modificarse a partir de 2024, después de un período en el que la inflación elevada y las restricciones para acceder al crédito favorecían el consumo inmediato.
«Cuando se quita el incentivo o la capacidad de ahorro porque hay un proceso de inflación fuerte, te desprendés de los pesos. Como no hay acceso al crédito, se quemaba en consumo: por eso se veían restaurantes llenos y demás», explicó.
Según el economista, la desaceleración inflacionaria y la recuperación del financiamiento modificaron ese comportamiento. Durante 2025, el crecimiento del crédito hipotecario, personal y empresarial permitió que las familias destinaran una mayor proporción de sus recursos a bienes durables, como electrodomésticos, automóviles e inmuebles, en lugar de concentrar sus gastos en el consumo cotidiano.
«Hubo migración del consumo masivo hacia el consumo de bienes durables», señaló Bolis Wilson. Sin embargo, ese proceso perdió impulso durante 2026, cuando el aumento de las tasas de interés y la morosidad comenzaron a frenar el crédito. El economista aclaró que las dificultades de una actividad no necesariamente pueden trasladarse al conjunto del consumo, ya que los distintos sectores muestran comportamientos diferentes.
En las cafeterías y panaderías, además, el impacto depende de la estructura de cada negocio y de su capacidad para adaptarse a la menor demanda. Mientras algunas cadenas cerraron sucursales y recurrieron a la Justicia para reorganizar sus deudas, otras continúan expandiéndose.
Rava mencionó el caso de Nucha, que abrió seis locales durante este año, principalmente mediante franquicias y con una estrategia orientada a buscar oportunidades fuera de la Ciudad de Buenos Aires. «Estamos buscando otras alternativas por fuera del AMBA, que creo que es la parte más castigada», explicó.
Para el dirigente, esa decisión responde también a los cambios en la distribución de la actividad económica, con un mayor dinamismo en zonas vinculadas con la energía y la minería. En ese contexto, considera que las pequeñas y medianas empresas necesitan adaptar sus estrategias comerciales a los mercados donde encuentran mejores oportunidades.
El contraste entre las cadenas que cerraron sucursales y aquellas que todavía encuentran oportunidades para expandirse muestra que la caída del consumo no afecta a todas las empresas de la misma manera. Mientras algunas buscan nuevos mercados y apuestan por las franquicias, otras deben reducir sus estructuras y renegociar deudas para seguir funcionando. En un negocio donde los clientes gastan menos y los costos siguen pesando sobre la rentabilidad, la diferencia está también en la capacidad de cada empresa para adaptarse a ese escenario.
f:IProfesional





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