De favores y reacciones: que a los hinchas de Boca no les llenen la cabeza

0
120

El presente del Xeneize en la Liga Profesional es una suma de errores y reacciones.

Los 18 partidos de Facundo Roncaglia en el Aris Limasol de Chipre no se parecen a una catapulta para volver a Boca. Es más probable que el fundamento haya sido “te echó Angelici y ahora hago lo que quiero porque mando yo” que otra cosa. Y el que manda, porque se lo ganó en las urnas, es Juan Román Riquelme. Las muy pobres prestaciones del zaguero Xeneize de 36 años en Venezuela contra Monagas, con roja incluida, y ante Estudiantes, descuidando a Mauro Boselli en la jugada clave, exponen la situación: el que lo trajo no lo hizo por convicción sino por reacción.

Chiquito Romero, leyenda de la Selección argentina, llegó a Boca a partir del enojo de Riquelme por la negativa de Agustín Rossi, quien no quiso renovar un contrato. Más allá de la actual forma física de Romero, sin la agilidad ni la reacción de otros tiempos, el punto de partida que originó su arribo luce distorsionado, y es equivalente al caso Roncaglia.

Jorge Almirón ya es récord. Es el primer entrenador en la historia de Boca que perdió sin goles a favor después de sus primeras dos presentaciones. Pero aún no es responsable, aunque sea parte. Contra Estudiantes, y ante San Lorenzo, de su idea tan solo se notó una intención: controlar la pelota, pero sin profundidad ni rebeldía de parte de los protagonistas. Poco. Por eso, la lupa se posa sobre el nombre propio, y es ahí donde se nota el error en el armado de este plantel: la improvisación, un favor y una reacción.

Jorge Almirón tras la derrota de Boca en la Bombonera. La segunda en dos partidos de su ciclo. (Foto: AFP)
Jorge Almirón tras la derrota de Boca en la Bombonera. La segunda en dos partidos de su ciclo. (Foto: AFP)

No todas son malas en la gestión Riquelme, por supuesto. Afirmar eso es abritrario y malintencionado. Nadie sale campeón porque sí o de casualidad. Miguel Ángel Russo, con el impulso del “last dance” de Carlos Tevez; Sebastián Battaglia, que recuperó a varios futbolistas y promovió a otros jóvenes; y hasta Hugo Ibarra, con la impronta de la valentía ante la adversidad, son parte de este tiempo. Pero si hoy no existe patrón de juego es por la mutación constante. Y si ante algunas bajas el plantel se acorta tanto es porque falló la gestión deportiva, la futbolera.

River, por su parte, transita el camino contrario. El plantel es obsceno, comparado con el promedio del fútbol argentino. Pero nada parece frenar su desfile hacia el campeonato. Newell´s lo puso en aprietos, pero en la última bola, tres de los que habían ingresado desde el banco, quebraron el resultado. Y si en algún momento la cosa no fluye, Franco Armani clausura su arco. Ahora deberá trasladar su presente magnífico a la Copa Libertadores para enderezar el paso.

Semana importante para Boca, por su urgencia total, y para River, por lo que implica la Copa Libertadores. Jorge Almirón, evidentemente, tiene mucho más trabajo.