domingo, noviembre 28

A los 14 años y en completa soledad, dio la vuelta al mundo navegando en su barco

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Laura Dekker se convirtió en la persona más joven en navegar en solitario 27 mil millas náuticas alrededor del globo. Nacida en un barco en Nueva Zelanda veinticinco años atrás, debió afrontar distintos obstáculos en su carrera por la aventura marítima, que la llevaron a enfrentarse al estado holandés. En la mayoría de los casos, la pasión por una actividad se va forjando en el camino de aprendizaje o formación de la misma. El caso de Laura Dekker, quien con 14 años y completamente sola dio la vuelta al globo navegando en su barco, da cuenta de una vocación hallada desde pequeña.

Con una familia de tradiciones ya arraigadas -su padre, constructor de barcos-, la joven Laura sentía correr la aventura de navegar en alta mar desde 1995, fecha en la que nació en un barco en Nueva Zelanda, durante una circunnavegación de siete años de sus padres.

A los seis años ya había construido una pequeña balsa con ayuda de su padre, y dos años después comenzaba a hacer varios trabajos como limpieza de tiendas, actuación en la calle en un monociclo, reparto de periódicos para ahorrar y para poder comprar su propio yate. No fue hasta a los 11 que pudo adquirir un Hurley 700 para dedicar todo su tiempo libre a mantener y navegar este barco, misión que pudo completar a los 13 cuando se embarcó sola a Inglaterra.

A partir de ese entonces, su pasión le indicó una nueva aventura: la de navegar alrededor del mundo. Sin embargo, uno de los obstáculos que debió enfrentar en primera instancia tuvo como su contraparte al gobierno holandés quien en un principio se opuso que la joven pudiese viajar por ser menor de edad. Tras haber quitado aquella piedra en el zapato, en agosto del 2010, con tan solo 14 años y completamente sola, Laura Dekker emprendió su travesía alrededor del mundo que culminaría 519 días y 27 mil millas náuticas después.

La travesía

“Muy bien, así que aquí vamos. Todos los suministros están almacenados, agua, cajas con alimentos, más cajas con comida y más comida, solo tengo que soltar las amarras y luego estoy lista para salir. Ya veremos”, Laura Dekker al inicio del documental Maidentrip, un film de Jillian Schlesinger donde se observan las propias grabaciones de Dekker de la travesía y los lugares que recorrió, incluyendo las Canarias, el canal de Panamá, las Galápagos, Polinesia, Australia y Sudáfrica,

“Otros que han hecho el viaje mundial para el récord navegan sin parar alrededor del mudo. Yo no quiero hacer eso, porque creo que es realmente genial aprender de otros países, otras culturas. Esa es una de las razones por la que estoy tomando dos años para hacer mi viaje”, explicaba Dekker.

El primer tramo de la travesía estuvo acompañado por la presencia de delfines y las mismas tormentas que oficiaron como obstáculos. “Todos mis sentimientos estaban desordenados. Disfruto muchísimo navegar y todo a mi alrededor, pero por otra parte extrañaba a mi papá. Extrañaba a mi casa. No pude comer nada durante dos días, simplemente no pude digerirlo, me sentí realmente muy extraña”, detallaba Laura sobre sus primeras sensaciones.

 

 

“Nadie dijo que la navegación era divertida, excepto yo. Es simplemente hermoso. Siempre soñé con vivir esta forma de vida”, relataba.

17 días después de iniciada la aventura, arribó a St. Maarten, donde permaneció unos días en tierra firme mientras se alistaba para adentrase en el Mar del Caribe, 1300 millas desde St. Maarten recorriendo las Islas des Saintes, Dominica, Bonaire y San Blas hasta cruzar el Canal de Panamá, un punto que ella consideró de inflexión.

“En el Caribe siempre podía dar la vuelta y volver a Europa, pero al pasar el Canal de Panamá realmente tenía que seguir adelante. Es el punto en el que dije ‘realmente lo voy a hacer’. A partir de ahí, se acabó de poner serio”, reflexionaba Dekker, al mismo tiempo que describió a la navegación a través del Pacífico como “la más hermosa que haya tenido. Mis padres navegaron la misma ruta 20 años atrás, conservo el cuaderno de bitácora de ellos, así que corría tras su sombra”.

En ese sentido, la holandesa sostuvo: “Me encantó el Pacífico desde el principio, todas las islas son diferentes, las culturas son diferentes. Es el paraíso. En Europa el dinero es lo más importante, el criar una familia, comprar un auto, conseguir una casa, tener hijos y luego morirte. Pero el Pacífico es perfecto. Me gusta mirar alrededor, hablar con las olas, con el mar y con Guppy –su barco-. Tengo una muy buena amistad con mi barco. Es mi todo, y espero tenerlo por mucho tiempo”.

Navegar por la Polinesia francesa, las islas del Pacífico y otras 2400 millas rumbo a Darwin, en Australia, constituyó parte de su aventura de dar la vuelta al globo. Incluso debió atravesar el Estrecho de Torres, considerado uno de sus mayores desafíos por los arrecifes, bancos de arena y los días tempestivos.

“A dos días de cumplir 16 años, creo que he cambiado mucho. En el comienzo del viaje me gustó mucho llegar a tierra y conocer otras personas, ver otros países. Ahora realmente comenzó a gustarme más los viajes largos, sólo porque te dan mucho tiempo para pensar, y simplemente no tienes a nadie que te moleste. Me encanta estar sola. Siento que la libertad es cuando no estás apegada a nada”, sigue Dekker a lo largo de su viaje en solitario.

El cruce de los tres grandes Océanos concluyó con la navegación por el Océano Indico, lo que le costó otras 6 mil millas rumbo a Durban, en Sudáfrica, y donde debió enfrentar seguramente las situaciones más críticas en alta mar, entre tormentas y olas épicas.

“Ahora, mirando hacia atrás, quería las tormentas, quería las calmas, quería sentir la soledad, quería sentir lo que se siente estar en el mar. Ahora conozco todas esas cosas, ahora sé lo que significaba navegar alrededor del mundo, y sabía que iba a seguir haciéndolo. Fue el final de un sueño que tenía al comienzo de mi vida, como una navegante”, reflexionaba Dekker.

 

 

“No tenía muchas ganas de llegar, solo quería seguir navegando. Podía lidiar con todo, con olas enormes, con una gran cantidad de vientos, con la soledad, pero la gente y los medios de comunicación me esperaban, así que sólo navegué directo a Trinidad y Tobago. ¡Ya he terminado!”, expresaba.

De esta forma, con 16 años, en 2012, Laura Dekker se había convertido en la persona más joven en navegar alrededor del mundo en solitario. Navegó 27 mil millas náuticas en 519 días. Y siguió adelante.

La vida después de la travesía

Tras haber concluido con la aventura que la posicionó como la personas más joven en embarcarse solitariamente alrededor del mundo, Laura se ha convertido en una oradora motivacional y ha gestionado un programa para recaudar fondos y realizar travesías con otros jóvenes que buscan la independencia personal desde la fundación Laura Dekker World Sailing (lauradekkerworldsailingfoundation.com).

“Este viaje que emprendí cuando era adolescente me dio los pilares que necesitaba en la vida. Mi papá y el océano son los mejores maestros que he tenido. En el océano aprendí a dejar de luchar contra todo: la vida no siempre es justa y tampoco las olas y el viento siempre hacen lo que yo quiero. Así que aprendí a sacarle el máximo partido y a aceptar la situación tal como es, a ser feliz con lo que tengo en este momento y a respetar y apreciar lo que me rodea”, afirma Dekker.

Y concluye: “El océano también me enseñó la satisfacción extrema que se puede obtener al luchar en tiempos difíciles y salir más fuerte en el otro extremo. Gané más confianza en mí misma. Tuve tiempo para pensar, sin las distracciones del continente y aprendí mucho sobre mí. Estos son sólo algunos de los maravillosos regalos que me han dado el océano y las personas que conocí en el camino”.