Argentina, la leyenda continúa

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Humor político-Nota extraída de Clarín por Alejandro Borensztein

Al trío de poder que conforman Cristina, su nene y Macri, podríamos sumar al presidente, tanto como para que no se nos deprima.

Nada mejor que empezar el año diciendo la verdad: aquellos ciudadanos que sufren por igual al Kirchnerismo y al Coronavirus vayan sabiendo que la diferencia entre ambos problemas es que el Coronavirus, tarde o temprano, se va a terminar.

Definida así la foto de la realidad política nacional, arranquemos con optimismo y alegría esta nueva temporada, la número 14, de la página 2 de los medios hegemónicos cuyo único objetivo, como siempre, es intentar hacer más llevadera la ardua tarea de tolerar a los ineptos que nos suelen gobernar. No más que eso.

A lo sumo, entre usted y yo amigo lector, insistiremos en explicarles a nuestros dirigentes algunos conceptos básicos como para que no sean tan burros.

No debería decir “nuestros dirigentes” porque no es bueno generalizar, pero a veces no queda más remedio. No podemos perder tiempo aclarando que son todos unos inútiles excepto el ministro tal o la diputada cual. A juzgar por el estado del país, si generalizamos no le vamos a errar por mucho.

De todos modos, convengamos que hay tres figuras principales sobre las que recae la mayor responsabilidad: Cristina y el nene, como jefes del oficialismo, y el Gato, como jefe de la oposición, al menos hasta que él mismo o alguien lo desmienta.

A este trío podríamos también sumar al “presidente”, tanto como para que no se nos deprima. Digamos entonces que los importantes son cuatro y no tres, aunque las evidencias estarían demostrando otra cosa.

Como todo el mundo sabe, en la Quinta de Olivos habita un señor que, cuando se despierta a la mañana, se mira en el espejo y se tironea el bigote para ver si está despierto o dormido. Una vez que comprueba que, efectivamente, se sacó la lotería de Santa Cruz y es el “presidente” de la Nación, pega un chiflido, llama a su perro Dylan, le arroja una pelotita de tenis para que se la traiga de vuelta, el perro la caza al vuelo con los dientes y la lleva directo al Instituto Patria.

Hemos naturalizado esta anomalía institucional y nos hacemos los giles porque todos respetamos la investidura presidencial. Todos, menos una que yo sé. En el fondo de su alma, con el resultado puesto, ella está convencida de que en 2019 hubiera ganado solita sin necesidad de contratar a ningún vendedor de autos usados.

Pero las cosas son como son y ahora se lo tiene que fumar como una duquesa hasta el 2023. Si usted es de los que se altera un poco cuando aparece el “presidente”, imagínese como se debe alterar ella.

En este contexto, ¿qué podemos esperar los argentinos para 2021? De todo, menos guita.

Aclaremos que una cosa es repartir billetes que se imprimen a lo loco sin ningún valor y otra cosa muy diferente es que haya guita. Billetitos van a sobrar por todos lados pero guita grosa de verdad, para inversiones, ingreso de capitales, fierros y todo eso, olvidate.

¿Por qué no va a haber guita? Por la misma razón de siempre: no hay confianza. ¿Por qué no hay confianza? También por la misma razón de siempre: no hay acuerdos políticos.

En lo único en que coinciden los cuatro grandes responsables (y millones de sus seguidores) es en la idea de confrontar.

La política es el arte de acordar en nombre del bien común. Esta frase es inventada pero si se la adjudicáramos a Churchill, Balbín o Anwar el Sadat no te la discutiría nadie. Sin embargo, acordar no está en el menú de ninguno de nuestros genios.

Saquemos de este debate al “presidente” porque es obvio que no tiene suficiente autonomía como para hacer ningún gran acuerdo histórico. Ya sabemos que si llegara a contradecir a la Jefa no le dejan ni un Granadero.

Tambien corramos al nene, Máximo. Preservémoslo. Al fin y al cabo, allí hay una esperanza. Alguien que todavía es un pibe de 43 años y no tiene la menor idea de nada, es alguien que tiene todo por aprender. Quien te dice damos con el profe particular adecuado y lo sacamos bueno.

Nos quedan los otros dos: Cristina y Macri. No es cuestión de andar igualando ni de jugar a Corea del Centro porque no es lo mismo el Gato que Ella.

Uno es un líder que no sabe un corno de política pero que tiene una indudable vocación democrática, honestidad y compresión del mundo moderno. La otra es una líder que no sabe un corno de política. Ampliemos rápidamente esto antes de que llegue la policía, aclarando que una cosa es saber ganar elecciones y otra muy distinta es saber revertir la decadencia de un país. Veamos.

Los que transpiramos política y tenemos una edad que se acerca a la de estos dos líderes, mamamos o asistimos a muchos de los grandes eventos políticos de nuestra era. El que no fue a la Plaza cuando asumió el Tío Cámpora, estuvo en Ezeiza cuando se armó el zafarrancho o en la embajada de Chile protestando contra el golpe de Pinochet. Por ahí vieron a Perón en el balcón detrás del vidrio blindado aquel mediodía soleado o en el atardecer de los “estúpidos imberbes” o en la última y encapotada tarde de “llevo en mis oídos la más maravillosa música…”. Seguramente hicieron la fila bajo la lluvia para despedir a Perón en el Congreso.

Quizá algunos por edad no llegaron a ver eso, pero estuvieron en el histórico cierre de campaña de Luder en la 9 de Julio cuando Herminio quemó el cajón o, dos días antes, cuando lloramos con el inolvidable recitado del Preámbulo de Don Raúl, también en la 9 de Julio. De última, si los apasionados por la política no llegaron a ninguno de estos eventos, seguro estuvieron en la Plaza cuando Alfonsín enfrentó la rebelión carapintada del 87.

Primera pregunta del millón: ¿estuvo el Gato en alguno de esos momentos históricos? Apuesto que no. Ojalá yo tambien hubiera estado en la clase de golf. Tendría menos angustias políticas y un buen swing. Pero eso tiene costo: la política, como nadar o andar en bici, se aprende mejor de joven.

Segunda pregunta del millón: ¿Estuvo Cristina en esos eventos? Me la juego que sí, pero solo hasta el 76. Después se fue a Río Gallegos y nunca más se enteró de nada. Quedó freezada en ese mundo binario y confrontativo en el que todavía habita, festejando la caída de Saigón y expectante por lo que vaya a hacer Jimmy Carter, a quien confunde con Joe Biden.

Cristina Kirchner en 2015 como presidenta en una visita oficial a la Rusia de Vladimir Putin. Foto: EFE

Cristina Kirchner en 2015 como presidenta en una visita oficial a la Rusia de Vladimir Putin. Foto: EFE

Por eso prefiere a Putin, a quien ve como la continuidad de Lenin y Brezhnev. Nadie discute que este muchacho Vladimir es un encanto de persona pero alguien debería ir explicándole a Cristina que Putin es lo más parecido al Zar Nicolai Romanov que se haya visto caminando por Moscú en los últimos 110 años. Y de paso ya podrían ir contándole sobre Gorbachov, la Perestroika y todo esa milonga así se actualiza un poquito.

Yo se que es muy difícil traer al presente a una persona que se autodefine cinéfila porque vió El Padrino 1, El Padrino 2 y está esperando que Blockbuster le mande el videocassette de El Padrino 3. Pero hay que intentarlo.

De otro modo, sólo cabe esperar más confrontación y mucho menos política. En un caso, porque no la aprendió de chico. Y en el otro caso porque lo único que sabe es lo que aprendió de chica.

Por eso tenemos que romperles las perlitas a nuestros dirigentes todo el día y convencerlos de que se sienten a conversar, que acuerden un plan, reglas básicas y se dejen de joder. Obviamente no es fácil, pero de eso se trata la política. De otro modo, no habrá confianza y, por ende, ni un sope.

Nota del traductor: acordar políticas no significa que nos olvidamos de Hotesur, el Memorándum y esas cositas, ¿ok?

Para hacer crecer un país, darle prosperidad a su pueblo, mejorar las instituciones, bajar la pobreza, terminar con la inflación, promover las inversiones y generar trabajo genuino hacen falta dirigentes serios que sepan de política.

En cambio para hacer una página de humor político sólo se necesita un puñado de tipos que gobiernen como el orto.

Amigo lector, sospecho que nos vamos a divertir.

Es un placer estar de vuelta.

Empezó la temporada