Caos en Washington: el legado de “tierra arrasada” de Donald Trump

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Nota extraída de Clarín por Marcelo Cantelmi

El magnate republicano buscará complicar lo más posible el inicio del mandato de su sucesor demócrata, Joe Biden.

Gases lacrimógenos y una tarde de caos alrededor del Capitolio, en la capital de Estados Unidos. Foto: REUTERS

La verdad de las cosas se conoce en sus últimas horas, advertía Walter Benjamin y es lo que exhibe sin tapujos en su agonía política el presidente norteamericano Donald Trump, que se ha develado con extremos abiertamente golpistas para retener el poder.

¿Sorprende? No debería. Trump pretende irse con la tierra arrasada para que no tenga donde pisar su sucesor Joe Biden. La muchedumbre que este miércoles se lanzó sobre el Congreso norteamericano en Washington había sido convocada por el propio mandatario para bloquear la consagración constitucional de Biden como el próximo mandatario del país. Todo un acto insurreccional.

Esa ceremonia simbólica consiste en el recuento de los votos en el Colegio Electoral donde el demócrata logró una mayoría absoluta frente al jefe de Estado saliente. La invasión del Parlamento y la presión en las calles, un incidente de alturas sorprendentes para los ritmos institucionales de EE.UU., se produjo justo en momentos que el vicepresidente Mike Pence, a cargo del acto, avisaba que no estaba dispuesto a respetar el mandato de Trump para desechar los votos de los electores demócratas.

Solo minutos antes, el propio presidente del bloque republicano en la Cámara Alta, Mitch McConnell, hasta ahora un soldado disciplinado del mandatario, coincidió alertando que negar la victoria de Biden, y la voluntad de las urnas, implicaba un riesgo «mortal» para la democracia.

La policía rodea el edificio del Congreso, en Washington, luego de la irrupción de seguidores de Donald Trump. Foto: EFE

La policía rodea el edificio del Congreso, en Washington, luego de la irrupción de seguidores de Donald Trump. Foto: EFE

Trump había proclamado hacía pocas horas en un discurso su confianza en el vicepresidente que lo acompañó a lo largo de su accidentado mandato, para que tomara poderes que la Constitución no le otorga y cambiara el resultado de las elecciones.

La fórmula era sencilla. Pence debía desechar a los electores del puñado de estados que ha cuestionado por un supuesto fraude nunca verificado por la justicia. “Si Pence hace lo que corresponde, ganamos la elección”, había proclamado el mandatario dando por hecho que no se debía tener en cuenta la letra constitucional.

Casi en los límites, esa extravagancia no ocurrió, pero de todos modos Estados Unidos se despeñó ayer varios escalones de la escalera de las instituciones y la fe democrática, valores que han adornado por años los discursos de sus líderes.

La decadencia del Imperio

Rusia, pero muy especialmente China, deben haber celebrado este escándalo, con sus intelectuales enarbolando la idea de que el mundo asiste, con estos gestos, a la decadencia del imperio americano y a su inminente relevo.

A tono con esa percepción, un periodista de la cadena CNN se preguntaba azorado ¿qué nos ha pasado? ¿Cómo es posible que nos suceda esto? mientras mostraba como la gente rompía ventanas y entraba con banderas al Congreso.

La marcha a favor de Trump y contra la asunción de Joe Biden terminó en un caos pocas veces visto en Washington. Foto: EFE

La marcha a favor de Trump y contra la asunción de Joe Biden terminó en un caos pocas veces visto en Washington. Foto: EFE

El problema no es la locura de un solo hombre que disparó este caos, sino las condiciones que hicieron posible que un individuo, con un pasado cargado de opacidades, haya logrado llegar al sillón más poderoso del planeta y dividir al país como nadie lo había hecho antes.

Esa pregunta que revela esa reflexión es central porque entre muchas de sus respuestas se encuentra la de la pérdida de la importancia de la voz de Estados Unidos. Estos hechos, con su carácter histórico, son un legado explosivo para Biden porque marcan el punto exacto del deterioro desde el cual deberá intentar reconstruir la imagen de su país.

No es casual que en estas horas los europeos negocien con Beijing sin tener en cuenta a Washington, que Irán secuestre un petrolero del aliado norteamericano de Corea del Sur sin temer consecuencias o que la potencia persa enriquezca uranio a niveles antes prohibidos. Es preciso estar atentos. Cualquier espectro puede corporizarse en un mundo que ha perdido coordinación.

Solo una noticia positiva sobrevoló la anarquía norteamericana de este miércoles. La actitud de Pence y de McConnell contra su jefe puede estar indicando que existe un acuerdo en el partido Republicano para ponerle un límite a Trump que puede agudizarse a partir de ahora.

El magnate no solo perdió la reelección, también fracasó en la posibilidad de reconquistar la cámara de Diputados y resignó el control del Senado en las elecciones en Georgia del martes. Pero además acaba de descolgarse como el enemigo público de una sociedad que ahora solo puede sentirse avergonzada.

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