Embotellamientos,autos tirados en la autopista y falta de conectividad: todo lo que no se vio y se padeció en el primer partido del Mundial

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Los contratiempos estuvieron a la orden del día en el juego inaugural entre Qatar y Ecuador. Aunque parezca mentira, todo sucedió a 13, 278 kilómetros de Buenos Aires.

Arrancó el Mundial. Arrancó con una cómoda victoria por 2-0 de Ecuador sobre Qatar, un anfitrión que mostró demasiadas debilidades, con un doblete de Enner Valencia. Pero eso lo vio todo el mundo. Lo mismo ocurrió con una fastuosa fiesta inaugural, que duró una perfecta media hora, aunque tuvo minuto y medio de retraso. Un margen perdonable, obvio. Sin embargo, hubo muchas cosas que no se vieron y que hicieron que el partido no se pareciera a un partido de un evento de semejante categoría.

Los problemas, no demasiado graves, comenzaron en el camino de ida. Son unos 45 minutos en auto los que separan Doha de Al Jhor, el desértico hogar que aloja a este imponente estadio Al Bayt que tuvo más de 67 mil espectadores en sus tribunas.

Se podía viajar en subte y en bus, pero el periplo llegaba a las dos horas. Demasiado. Tal vez fue por eso que el ingreso al estadio se convirtió en una réplica del sufrimiento que padecen los argentinos cuando van a la Costa en un cambio de temporada y avanzan a paso del lobo marino por la ruta 2.

Estacionamientos llenos en el partido inaugural del Mundial. Foto: Fernando de la Orden / Enviado especial

Estacionamientos llenos en el partido inaugural del Mundial. Foto: Fernando de la Orden / Enviado especial

Fluyó la cuestión, pero a medida que se acercaba al estadio, el paso de los autos se ralentizaba. Tanto fue así que algunos eligieron dejar el auto en la banquina de la autopista para poder ingresar al estadio. Una desprolija salvación.

Otros tuvieron que dejar el auto en alguno de los estacionamientos reservados para los espectadores. Eran playas exageradamente gigantes. Pero estaban a unos 20 minutos de caminata hasta llegar a la puerta de acceso. Existía la opción del monopatín, pero pocos se animaron a subirse al desafío. Resultó pintoresco porque se podía ver el entusiasmo de las familias qataríes vivir el momento más esperado de la historia del fútbol de su país. Pintoresco, sí, pero muy lejano. Demasiado. Por lo menos pudimos ver unos patitos y unos cisnes que nadaban en un lago artificial. También unas canchitas de fútbol donde donde, por lo menos, se comenzaba a sentir el clima de Mundial. Porque nunca se terminaba de llegar -algunos debieron cruzar por alambrados para cortar camino-. Y, sobre todo porque después había que volver…

Entrar al estadio fue como entrar a una casa nueva. Estaba todo reluciente, impecable, como si el coloso estuviera recién terminado. De hecho, lo estaba. Parece que llegaron con lo justo a pesar de tener el dinero -en forma de petróleo- y el tiempo -lo saben desde hace 12 años- para terminar con más margen. 

Ya en la zona de prensa volvieron a aparecer los problemas. Los accesos volvieron a ser lentos, con apenas dos ascensores disponibles para tantos acreditados. Otra muestra: a falta de media hora para el inicio de la fiesta inaugural no había comida en el locales de esa zona del estadio. Eso sí, estaba lleno de cerveza sin alcohol, la única que se puede ofrecer luego de que las autoridades le cerraran, sobre la hora, las puertas a Budweiser. Es la única que se puede vender, pero parece que nadie la compró.

Así tuvieron que pasar los hinchas por alambrados para llegar a tiempo al partido inaugural del Mundial de Qatar. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Así tuvieron que pasar los hinchas por alambrados para llegar a tiempo al partido inaugural del Mundial de Qatar. Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

La conexión de internet inalámbrica, esa que venía funcionando a la velocidad de una Fórmula 1 hasta hoy, no respondía dentro del estadio. Tampoco el cable de red. Fue una pesadilla para todos los que debían transmitir la información. Para todos.

El aire acondicionado fue un aliado para los de las bandejas más altas y peligro de resfrío para los que estaban en las inferiores. Es como en la oficina, aunque con la diferencia que nadie tiene la chance de girar la perilla y apagarlo.

Las curiosidades finales no tienen que ver con la organización, sino con una situación que se dio sobre el final del partido. Algo que no suele suceder en los Mundiales.

Los hinchas, muertos de frío en un estadio en medio del desierto.
Foto: Fernando de la Orden

Los hinchas, muertos de frío en un estadio en medio del desierto. Foto: Fernando de la Orden

A falta de 10 minutos, 15 si se cuenta el tiempo agregado, los locales empezaron dejar el estadio. Llamativo. Hasta esa especie de barra que copó una de las cabeceras del estadio, todos con camiseta de Qatar, fue en busca de la puerta de salida. «El que no salta, abandonó…» 

Tampoco tuvieron la culpa los organizadores, pero la inseguridad también dijo presente en Al Khor. Como bienvenida, cada pupitre de prensa tenía una bolsa de souvenires de regalo. Algunos, como este despistado cronista, se quedaron sin la suya. Todo por culpa de los manos rápidas que se marchaban, sin demasiado reparo, con más de una colgando de sus mochilas.

Aunque parezca mentira, todo sucedió a 13, 278 kilómetros de Buenos Aires.

Doha, Qatar. Enviado especial.