sábado, julio 20

Envenenó a todos los empleados de un banco,se llevó un botín miserable y pasó 39años esperando su ejecución

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Ocurrió en Tokio, poco más de dos años después del final de la Segunda Guerra Mundial. El asaltante era un artista plástico que fue detenido siete meses después del golpe en el que murieron 12 personas.

El 26 de enero de 1948, con las tropas estadounidenses ocupando el territorio japonés luego de la derrota del Gran Imperio del Japón en la Segunda Guerra Mundial, el artista Sadamichi Hirasawa, de 55 años, con un brazalete del Departamento de Bienestar Social, entró en el Banco Teigin, en Shiinamachi, un suburbio de Toshima, en la ciudad de Tokio, poco antes de que cerrara al público.

Se presentó como médico epidemiólogo exhibiendo la credencial correspondiente. Hirasawa explicó que había sido enviado por las autoridades de ocupación estadounidenses y que tenía órdenes de darle tratamiento al personal bancario contra un repentino brote de disentería, una inflamación intestinal que puede ser fatal sin la debida atención. Dio a las personas presentes una pastilla y unas gotas de un líquido que llevaba en su maletín. Había en ese momento dieciséis empleados y pidió que preparasen otras tantas tazas de té para digerir la medicina contra el mal de la disentería. Como era natural, él debía realizar los preparados para cada paciente.

El banco donde Sadamichi Hirasawa cometió el robo y los asesinatos.
El banco donde Sadamichi Hirasawa cometió el robo y los asesinatos.

Los dieciséis empleados del banco se alinearon obedientemente. “Por favor”, decía Sadamichi cortesmente cuando le alcanzaba la taza de té a cada empleado. Y todos bebieron el brebaje que les dio el médico. Los presentes bebieron el líquido, que era una solución de cianuro de potasio Cuando todos quedaron incapacitados y agonizando el ladrón se llevó todo el dinero que pudo encontrar en las cajas de atención al público, que ascendía a sólo 160.000 yenes (aproximadamente 1392 dólares de la época). Diez de las víctimas murieron en el lugar (uno era hijo de un empleado) y otras dos fueron trasladadas al hospital aunque los médicos poco pudieron hacer por ellas y al cabo también murieron.

La escena con la que se encontraron los investigadores al entrar al banco.
La escena con la que se encontraron los investigadores al entrar al banco.

La caída de Hirasawa

Lo atraparon casi siete meses después gracias a que dejó en el banco una tarjeta de presentación auténtica a nombre de Shigeru Matsui, del ministerio de Salud y Bienestar, Departamento de Prevención de Enfermedades. Matsui había intercambiado tarjetas con muchas personas. Hirasawa no pudo mostrar la que le había dado Matsui porque, según la Policía, era la que había dejado en el banco para hacerse pasar por Matsui.

Además, dos sobrevivientes lo reconocieron como el falso médico epidemiólogo que, para más datos, tenía una cicatriz debajo de su barbilla. Hirasawa confesó, aunque diría después que lo hizo bajo tortura y que él jamás estuvo en ese banco. El acusado de cometer el robo más original de la historia, por envenenamiento masivo, alegó su inocencia hasta el final.

La credencial que usó Sadamichi Hirasawa para engañar a los empleados del banco.
La credencial que usó Sadamichi Hirasawa para engañar a los empleados del banco.

El tribunal condenó al acusado a la horca, pero las apelaciones fueron infinitas. Sus abogados afirmaron que la sentencia violaba la constitución japonesa que protegía a los ciudadanos de la autodestrucción y que el ahorcamiento era equivalente a autoestrangularse. El argumento fue rechazado. Pero insistieron. Buscaron anular la confesión alegando que Hirasawa sufría el síndrome de Korsakoff, una enfermedad neuronal que le provocaba amnesias transitorias. Además, pusieron en duda las identificaciones de las víctimas. Solicitaron diecinueve veces que se realizara un nuevo juicio porque las pruebas eran dudosas.

La Corte Suprema de Japón confirmó la pena capital en 1955. Sin embargo, ninguno de los ministros de Justicia, que debían aprobar las ejecuciones, accedió a ordenar su muerte. Hirasawa permaneció en prisión durante los siguientes 33 años esperando que lo llevaran al cadalso. Se cree que es el hombre que más tiempo ha estado en el corredor de la muerte.

Sadamichi Hirasawa al ser detenido.
Sadamichi Hirasawa al ser detenido.

En la penitenciaría, pasó su tiempo pintando, arte en el que incursionaba con éxito en su tierra natal, Hokkaido, ya antes de su arresto. Incluso era una figura destacada en la pintura al temple en Japón. Había ganado prestigio exhibiendo sus obras aunque después del robo su reconocimiento en el mundo de la pintura desapareció. Por otra parte, en la cárcel escribió su autobiografía.

En 1985, sus abogados trataron de obtener su excarcelación alegando que la condena había prescripto, ya que el código penal japonés recoge la prescripción de la pena de muerte a los treinta años. Sin embargo, la Corte Suprema rechazó el argumento señalando que la pena comienza cuando el ministro firma la sentencia, algo que en el caso de Hirasawa nunca ocurrió, y que la norma solo era aplicable a condenados fugados.

La muestra de las obras de Sadamichi Hirasawa,
La muestra de las obras de Sadamichi Hirasawa,

Sadamichi Hirasawa, el hombre que desde su arresto esperó treinta y nueve años que lo ahorcaran, murió de neumonía en un hospital penitenciario el 10 de mayo de 1987, a los 95 años de edad.

Setenta años después del asombroso robo con envenenamiento, más de veinte pinturas de Hirasawa fueron exhibidas en la Galería Diez en el distrito de Taito de Tokio. Son una pequeña parte de las miles de obras que Hirasawa creó en prisión, desde la década de 1950 hasta la década de 1980, con suministros de pintura proporcionados por su familia para que pudiera continuar su carrera.