domingo, julio 21

Zonas del cuerpo en la que es más peligroso que se acumule la grasa

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La grasa corporal tiene mala reputación. Pero no hay que equivocarse, lo que no es saludable es tener un exceso de grasa y también hay que prestar atención a dónde se localiza.

De hecho, cumple un papel fundamental en la vida y en el bienestar del organismo. Representa la principal reserva energética del organismo, almacena vitaminas liposolubles (A, D, E y K), ayuda a controlar la temperatura corporal, cubre y protege articulaciones y órganos.

El problema comienza cuando es demasiada. Lo habitual ha sido usar una fórmula matemática que calculaba el Índice de Masa Corporal poniendo en relación el peso y la altura al cuadrado. Sin embargo, es cada vez más frecuente optar por otras técnicas, como son el porcentaje de grasa corporal, la circunferencia de cintura o el ratio cintura/cadera, entre otros.

Dos personas con el mismo peso y altura pueden tener composiciones corporales muy diferentes, donde en una prime la grasa y en otra el músculo. Lo que está claro, es que cuando este índice está aumentado se convierte en un predictor de riesgo de enfermedades cardiovasculares -especialmente infarto e ictus-, diabetes, trastornos musculoesqueléticos -primordialmente osteoartritis- y algunos tumores, como el cáncer de endometrio, el cáncer de mama, de ovario, de próstata, de hígado, de vesícula, de riñón y de colon.

Los hombres y las mujeres presentan una distribución y cantidad de grasa diferente. Contamos con diferentes localizaciones anatómicas para almacenar grasa. El tejido adiposo subcutáneo (abdominal y subescapular en el tren superior y glúteo-femoral en el tren inferior) puede suponer el 80% del total de grasa acumulada. Los depósitos de grasa visceral suponen en torno al 20% restante. La morfología difiere según la localización, así como el perfil metabólico, en el caso del género, de forma que, en función del sexo, encontraremos diferente respuesta en cuestiones como capacidad de retención de la grasa según qué zona.

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La distribución anatómica de la grasa cambia en función de la edad y el sexo. Aumenta en el tronco en los niños durante la adolescencia, y en la zona glúteo-femoral en las niñas. Se suele identificar a los hombres con el cuerpo tipo manzana, donde la grasa se localiza en la zona abdominal, y a las mujeres con más acúmulo en la zona de las caderas, muslos y glúteos, recordando a la pera. Sin embargo, estas distribuciones topográficas pueden encontrarse en ambos sexos. Tras la menopausia, la circunferencia abdominal de las mujeres tiende a aumentar. Hay incluso quien habla de un tipo reloj de arena, donde la cintura es más fina y el tamaño de hombros y caderas es poco más o menos el mismo.

La grasa se reparte de forma homogénea por el cuerpo. Pero en algunas zonas se acumula más cantidad. El exceso es perjudicial, pero lo es aún más si se acumula en la cintura y el tronco, al estar más próxima a órganos importantes como el corazón, el hígado, los riñones.

Si se superan los 100 cm en el caso de los hombres y los 90 cm para las mujeres es hora de ponerse en manos de un profesional y reducir la posibilidad de que se produzca el deterioro de la fisiología de la zona abdominal, un aspecto que contribuye a un empeoramiento de la función hepática, digestiva, respiratoria y cerebrovascular. Esto se traduce en forma de alteraciones en el colesterol, un aumento en los niveles de triglicéridos, mayor riesgo de diabetes, de hipertensión arterial y de aparición de trombos. Se trata de algo relevante en la obesidad en el cuerpo en forma de manzana.

No es que la grasa que se localiza en la cadera, glúteos o muslos sea la ideal, pero de momento su presencia no pone en peligro la salud, aunque quizá si es excesiva sí produzca un deterioro de los músculos y huesos de las extremidades e incluso de la circulación. Un exceso nunca es bueno, se considera que existe sobrepeso en los hombres cuando el porcentaje de grasa se encuentra entre 21 y 24,9, y en mujeres entre 26 y 31,9%. Por encima de esas cifras se estima que ya hay obesidad.

Algunos estudios apuntan a que la presencia de grasa en el cuello también tienen relación con factores de riesgo de enfermedad cardiovascular y con síndrome metabólico, especialmente en mujeres. Un exceso de tejido adiposo en la zona abdominal y subescapular puede derivar en un desplazamiento de parte de grasa a ubicaciones superiores y debe entenderse como una situación de riesgo.

Es posible que la acumulación de grasa en el cuello, tanto en la papada como en los depósitos situados entre los músculos y alrededor de las vértebras cervicales, prediga la aparición de grasa en el abdomen y en el resto del cuerpo, además de sumar mayor riesgo cardiovascular, un aumento de azúcar en sangre, y un estado inflamatorio en adultos jóvenes sedentarios. Esto ocurre en mayor medida en hombres que en mujeres y el depósito intermuscular muestra más riesgo cardiometabólico.

No hay una fórmula que nos permita ni perder peso rápido ni eliminar la grasa de las zonas que más nos preocupan o incomodan, pero es clave una vida saludable que incluya una alimentación equilibrada, dormir bien y actividad física.

Fuente: Cuidate Plus